La banda sonora de “A Cure for Wellness”, de Benjamin Wallfisch supone una aproximación equidistante a las inquietudes sonoras habituales del realizador de la película, Gore Verbinski -con Hans Zimmer en la memoria (especialmente “The Ring”)-, y el tono clásico del género de terror que se instauraría en películas como “The Bad Seed” (1956), con partitura de Alex North o “Rosemary´s Baby” (1968), con música de Krzysztof Komeda, usando ambas inquietantes voces humanas con propósitos y efectos espeluznantes. Wallfisch no alcanza, desde luego, a los maestros citados, ni tampoco consigue igualar al notable Zimmer de la mencionada “The Ring” (2002), pues cae en una serie de tópicos un tanto sobados que le impiden plantear un discurso con ideas propias, pero quizás consciente de ello sublima dichos conceptos con elegancia, haciendo de la ausencia de originalidad una directriz sobre la que explorar sin complejos las ideas preconcebidas que tan bien suelen funcionar -y de hecho funcionan también aquí- en la disciplina musical del miedo.

Arranca con voz femenina infantil en “Hannah and Volmer” en forma de nana, siguiendo con piano, leves coros y cuerda emulando los adagios de Zimmer (con “Hannibal” en la memoria). Este tema vuelve a aparecer en “Nobody ever leaves” sin variación, en “Magnificent, Isn´t It?” como salido de una caja de música, o con cierto poso decadente en la sección final de “Clearly He´s Lost His Mind”. Entra en materia con “The Rite”, lúgubre y ambiental pasaje para coro ominoso que da paso a otro de los elementos recurrentes -y débiles- de la obra, la cita al vals de la “Jazz Suite” de Dmitri Shostakovich, en la pista “Feuerwalzer” (y luego en “Actually I´m Feeling Much Better”), que se mezcla con unos acelerados ritmos percusivos de filiación zimmeriana una vez más. La electrónica habitual (perfectamente intercambiable con la banda sonora de “Hidden Figures”) aparece en “Our Thoughts Exactly”, mientras que otra más elaborada surge en “Volmer Institut”. Lo mismo pasa con el tono opresivo convencional y sostenido de “Terrible Darkness”, frente al lacerante y arrollador “Lipstick”. El correcto cierre para piano de “Volmer´s Lab”, apenas supone, con su inquietante melancolía, mejora alguna para el conjunto. La banda sonora de “A Cure for Wellness”, de Benjamin Wallfisch, planeta una serie de ideas recicladas que no logran alcanzar un destino satisfactorio y que se ven lastradas por su exceso referencial. Hay destellos, pero demasiado ahogados en la sombra del compositor alemán.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.