La banda sonora de “After Earth” de James Newton Howard resulta pobre en el mejor de los casos. El sonido compacto, industrial e impersonal impuesto como marca de fábrica por los grandes estudios se materializa inmediatamente en “The history of Man”, donde la gran masa orquestal acompasada de electrónica constante y base rítmica zimmeriana da paso al único suspiro melódico que deja entrever la firma de Howard. Este motivo inicial (destaca su desnuda aparición posterior para piano en “Saved by the bird”) de dos frases de calado épico culmina con un crescendo que ataja rápidamente el conato romántico tangible, sabedor su responsable de lo prohibido de la melodía en el cine americano comercial contemporáneo. Las notas para teclado que resuelven la pieza nos retrotraen el buen sabor de boca de la colaboración entre músico y realizador, pero por desgracia este fugaz espejismo tendrá poca continuidad, incluso con sus limitados logros, en el grueso de la partitura.

En “I´m not advancing you” se desarrolla la languidez emocional con reminiscencias al suave lirismo de cuerda y piano características del autor, pero sin llegar a ninguna idea concreta. “Pack your bags”, de construcción cíclica sobre acordes sostenidos, sugiere nobleza y esperanza y se presenta como el preludio de la aventura que se despliega en la breve pero estupenda pieza “Nova Prime”, que recupera el motivo inicial y aporta una resultona fanfarria aventurera, tan escueta como efectiva retomada en “The tail”. A partir de aquí la cosa no hace sino estancarse notablemente. El chelo, que fuese tan destacado en “The Happening” -de nuevo interpretado como en aquella por Maya Beiser-, se conforma ahora con sugerir misterio con timidez en “Can you Ghost?” y desgana en “Abort Mission”.

Gran parte del material incidental se divide entre melancólicos y asépticos pasajes de cuidada indefinición melódica (“Ship tears apart”, “Kitai finds Cypher”, “Kitai on Earth”) y sobre todo en plúmbeas aportaciones electrónicas y ambientales (“The Mission”, “Four vials remain, sir”, “Leech”) donde se intenta bucear en un juego de orquestación que aporte el colorido alienígena y el efecto de extrañamiento necesario, pero cuyos resultados quedan eclipsados por la falta de ideas sonoras convincentes que justifiquen los esbozos idiomáticos instrumentales -o sintéticos- llamativos, que quedan como muestras aisladas de la inconexión dramática galopante que arrastra Newton Howard a la hora de dinamizar y unir las partes del relato. Jamás en ninguna banda sonora suya fue tan apropiado aseverar que la suma de sus partes es menor que su valor individual.

Con la acción la cosa tampoco mejora demasiado y solo ofrece un par de ágiles muestras de gradación de la intensidad orquestal en “Baboons” y la fugaz “Run to the volcano “, acaparando el protagonismo formulistas e inocuos temas de impersonal rítmica electrónica mil veces oídos en la saga “Bourne” de John Powell y sucedáneos, como “Run to the falls”, “Bird attack” o “Nest battle”. Tan solo llegando ya al final el compositor se arriesga a insuflar cierta emoción a su música durante el interesante juego polifónico de “Chase through the cave” y la liberación heroica de “Ghosting”, único tema del conjunto de filiación realmente inconfundible por su desarrollo y sentido dramático dentro de la trama, que cuenta con entidad musical estética propia. Para concluir, el breve remanso lírico esperanzador para cuerda de “I wanna work with mom” da paso al único desarrollo melódico de los motivos centrales unidos en forma de épica marcha aventurera durante “After Earth”, fuera ya de las imágenes, lo que da la prueba definitiva del valor de la música con acervo expresivo en el cine palomitero más inmediato.

La banda sonora de “After Earth” de James Newton Howard se alza con el dudoso mérito de ser la aportación más floja y decepcionante de cuantas ha realizado el músico para un M. Night. Shyamalan en sus horas más bajas (recordemos joyas audiovisuales como “The Village”, “Unbreakable” o “Signs” o incluso las cintas post-apocalípticas de Kevin Costner “Waterworld” y “The Postman” de similar temática también con música del compositor americano). Los márgenes de estrechez en los que se mueven los pesos pesados de la industria -si quieren seguir siendolo y cobrar en consecuencia- no dejan espacio para mucho más.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.