La banda sonora de “Alien Covenant”, de Jed Kurzel, presenta a nivel musical una revisitación en toda regla de los grandes éxitos de la banda sonora de “Alien“, de Jerry Goldsmith. Esa misma creación que Ridley Scott, también director del capítulo que ahora nos ocupa, se encargó de alterar y maltratar a conciencia en 1979. Kurzel llega de sorpresa a la saga musical xenomorfa, tras anunciarse previamente la asignación de otro compositor más afín -inicialmente- a las exigencias estéticas del realizador; Harry Gregson-Williams. Esta decisión podría verse como un intento por parte de Scott de aportar algo de sangre sonora nueva a su catálogo de clichés, pero si tenemos en cuenta el resultado, se trata más probablemente de la apuesta segura por un nombre joven y fácilmente manipulable ante los caprichos del realizador.

El arranque con la pista “Incubation”, apenas una pulsión atmosférica y sintética sin demasiada entidad, da paso a “The Covenant”, donde el tema central de Jerry Goldsmith para la película original se reconstruye a partir de un motivo para maderas en forma de eco oscilante inspirado también en la misma idea del californiano recorriendo musicalmente los pasillos desiertos de la nave Nostromo en la cinta original (se retomará esta línea en “Grass Attack”). Un concepto similar se desarrolla en “Planet 4 (Main Theme)”, donde se parte de nuevo de las ideas melódicas de Goldsmith para sugerir pequeñas variaciones conceptuales sobre sus premisas. Pasajes estridentes de cuidada indefinición como “Neutrino Burst” o “The Med Bay”, contrastan con la languidez lírica de los teclados en “A Cabin on the Lake” o el crescendo orquestal esperanzador de “Sails”. Todo demasiado ajustado y conservador.

Más interesante se muestra Kurzel en los momentos menos recurrentes de la saga, y por lo tanto más libres para intentar aportar algo de contenido específico propio a los mismos. Pasajes como “Spores”, con efectos acústicos de campanas y elaborada electrónica, o “Payload Deployment”, con una atractiva conjugación acústica y percusiva -que recuerda lejanamente el atrevimiento de Elliot Goldenthal para “Alien 3”-, son los más destacables. Los chillidos centrales para cuerda de “Face Hugger” pueden rememorar incluso al James Horner de “Aliens”, pero poco margen queda para esta vertiente cuando las citas a Hans Zimmer en “Command Override” o “Chest Burster” se apoderan del discurso. Tampoco se olvida el guiño en forma de nexo de unión con “Prometheus”, citando en el pasaje “Dead Civilization” el trabajo de Marc Streitenfeld.

La banda sonora de “Alien Covenant”, de Jed Kurzel, resulta por lo tanto un batiburrillo inconexo más convencional de lo esperado. Primero aprovecha el legado y espíritu de la partitura maestra fundacional -pervirtiéndola de forma superficial sin discurso interno-, y luego trabaja de forma bastante rutinaria su desarrollo sobre un montón de ideas ajenas, haciendo gala del sello habitual de Scott a la hora de entender el comentario incidental de sus películas. Si le suponemos dueño y señor de la última palabra sobre cualquier aspecto artístico de “Alien Covenant”, habremos de entender, al menos con el resultado sonoro, su tardío reconocimiento al genio de Jerry Goldsmith, capaz de crear en su momento un universo musical único, que perdura por encima de las torpes manos que lo manufacturan hoy día con fines absolutamente espurios.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.