La banda sonora de “All the Money in the World”, de Daniel Pemberton, vuelve a demostrar la gran capacidad creativa e imaginación del músico inglés en condiciones adversas. En un género tan trillado, el thriller, y con un director tan exigente y normalmente obtuso en cuanto a la musicalización de sus películas, Ridley Scott, el trabajo de cualquier compositor ante un proyecto de estas características supondría un desafío complicado. Pemberton parece poseer las llaves del reino, aproximándose a las imágenes con una inteligencia y facilidad asombrosas, sin caer en el grueso de su aportación en lo insustancial o lo genérico. Un logro al alcance de muy pocos, más meritorio todavía si tenemos en cuenta el exceso habitual de contenido que suele demandar Scott para tapar su pánico al silencio, ya sea con efectos sonoros o con música continua. El compositor ya sobrevivió a las directrices del realizador con bastante dignidad en “The Counselor”, y ahora se supera a sí mismo con un trabajo mejor que aquel en todos los aspectos.

El inicio con la pieza que da título al film, “All the Money in the World (Rome 1973)”, ofrece una obertura de tintes clásicos que arranca con el que será el motivo central de la partitura, una figura reverberada de siete notas para madera, seguida de un vals ampuloso remarcado por el acordeón, casi una visión sardónica del concepto europeo de la clase y la elegancia. Una suntuosa, casi barroca variación sobre este tema aparecerá en “All the Money in the Wold (Getty Arrivals)” con coro y soprano incluida. “To Be a Getty” supone un giro de ciento ochenta grados respecto a la luminosidad bucólica de la idea inicial, con un lúgubre y malsano pasaje que en su sección final pervierte la melodía central, arrastrándola hacia una zona oscura en registros bajos de cuerda. Esta vertiente continúa en “The Minotaur”, haciendo del suspense sostenido un ejemplo de versatilidad por parte de un Pemberton capaz de elaborar fragmentos de transición con una riqueza arquitectónica admirable. “We are Kidnappers” y “Paparazzi”, proponen una nueva línea conceptual haciendo de la pulsión rítmica basada en inusual percusión y efectos acústicos, el motor narrativo y corazón dramático de los elementos secundarios de la trama, que por pura fuerza del músico se tornan en tan atractivos -al menos musicalmente- como los principales. “The Red Brigade”, “Police Raid” y “Editorial” amplifican estas sensaciones con un incesante burbujeo de nuevos matices ornamentales.

Un nuevo salto llega con “Hadrian´s Villa” y “Hadrian´s Model”, que proponen un canto para vocal solista sobre metales en registros atípicos que causa aflicción y extrañeza. Sin duda los momentos más audaces y raramente bellos de la partitura. Otros más cercanos a los lugares comunes minimalistas modernos como “How Much Would You Pay?”, se mezclan con los conceptos propios del músico para salir fortalecidos de su propia debilidad intrínseca. La exageración pomposa e irónica de “The Waltz of the Newspapers”, de nuevo con coros (que recuerda en intenciones a “The Circus of Machines”, de la también magnífica banda sonora de “Steve Jobs”), da paso a la operística “Masterpiece”, que bien podría haber firmado Ennio Morricone por su intensidad trágica y tratamiento polifónico. La inquietud amenazante de “Imprisoned”, el pasaje étnico mezclado con campanas y cuerda asfixiante de “Danger Sign”, la fantasía para clavicordio de “The Collector”, la lúgubre, ecléctica (orquesta, sintetizadores, voz femenina, coro masculino) y desoladora “Money Drop”, su continuación estética en la anticlimática y perturbadora “Escape, December 15th 1973”, así como la rendición coral fastuosa final de “J. Paul Getty”, son pruebas continuadas e irrefutables de que la banda sonora de “All the Money in the World”, de Daniel Pemberton, es una de las obras más brillantes -incluso con sus casi 70 minutos en disco- surgidas del mainstream americano en 2017.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.