La banda sonora de “Around the World in 80 Days” de Victor Young (la más memorable, la más virtuosa, la mejor incrustada en las imágenes de toda su filmografía) fue inyectada en el corazón de espectadores de todo el mundo sólo tres semanas antes de la muerte de su autor. La maravillosa película de Michael Anderson se estrenó en Nueva York el 18 de octubre de 1956, y Young murió de un ataque al corazón el 10 de noviembre, sin disfrutar del único Oscar (póstumo) que recibió tras 22 nominaciones a la estatuilla y de la enorme fama que rápidamente alcanzó su música, gracias a uno de los temas principales más alegres y radiantes que uno pueda escuchar, de una belleza melódica y una majestuosidad sólo atribuible a los grandes maestros. El tema de “Around the World in 80 Days” ha sido uno de los más versionados por orquestas de todo el mundo y hoy, 50 años después, sigue siendo uno de los más famosos de la historia del cine.

La trascendencia de la partitura de Young, más allá de su glorioso tema principal, reside en la espectacular sucesión de exquisitas melodías que embellecen de un modo extraordinario (y con un enorme sentido del humor) los numerosos escenarios de la película y que el autor de “Samson and Delilah”, más camaleónico que nunca, compone y arregla teniendo en cuenta la música autóctona y los ritmos populares de cada una de las regiones que los protagonistas atraviesan en su vuelta al mundo. Estén en Francia, India, Estados Unidos o España, la música del filme adopta el universo sonoro de cada escenario haciendo el viaje narrativamente más accesible y evitando explicaciones innecesarias, como sucede, en “Rule Brittania” ahorrando información (“Land Ho”).

La primera escala en París viene acompañada por una antigua danza parisina titulada “Maxixe” (en “Paris Arrival” y al final de “Aloft Above France”, aunque en el disco se oye previamente en el epílogo de “Passepartout”), mientras que el paso por tierras españolas queda reflejado, como no podía ser de otra manera, por música popular andaluza y pasodobles vinculados a la fiesta taurina (“A Landing in Figueroas”, “Passepartout Dances” y “Invitation to a Bull Fight/Entrante of the Bull March”). Los clichés y convenciones que caracterizan a la parte española contrastan, sin duda, con la desatada inspiración de Young al atravesar Suez y llegar a Bombay, región para la que escribe uno de los highlights de la partitura: el bellísimo tema “India Countryside”, un prodigio en melodía, orquestación (un crescendo percusivo va simulando el movimiento del tren) y sensibilidad cinematográfica.

Otro de los pasajes más hermosos, una vez el trío protagonista desembarca en Estados Unidos y se dispone a atravesar el país, asoma en “Transcontinental Railway”, tema en el que se presenta un precioso motivo épico que bien podría haber compuesto para alguno de sus westerns (como “Shane”). Desarrollado con más detenimiento en “A Weak Bridge”, el tema anticipa todo un conjunto de piezas típicamente americanas en las que Young (como en “India Countryside”) vuelve a aportar fisicidad imitando el movimiento del ferrocarril y se explaya a gusto musicando una estampida de búfalos (la frenética parte final de “Transcontinental Railway”), un duelo a muerte (donde el piano homenajea los primeros westerns mudos, al final de “A Weak Bridge”) y hasta un ataque de los pieles rojas (el vibrante corte de ocho minutos “Sioux Attack”).

La parte estadounidense finaliza con el divertido scherzo que acompaña el improvisado trayecto en vagón de “Prairie Sail Car” y el posterior viaje transatlántico de “Land Ho”, el corte más dramático de la partitura y un claro ejemplo del colorido y la versatilidad del músico para cambiar de un registro a otro, algo clarividente (el paso de lo épico a lo íntimo, del suspense a la fiesta, del cliché a la inspiración, de la pincelada a la explosión de sensibilidad) en la memorable secuencia de los créditos finales (“End Credits”), una pequeña obra de arte que culmina la extraordinaria banda sonora de “Around the World in 80 Days” de Victor Young.

Reseña de David Serna Mené.