La banda sonora de “Assasin´s Creed”, de Jed Kurzel, supone un claro ejemplo de la facilidad adaptativa de ciertos músicos modernos a la hora de introducirse en los vericuetos de Hollywood. El equipo formado por el director australiano Justin Kurzel, su hermano el músico Jed Kurzel y el actor Michael Fassbender, realizó una atractiva versión de “MacBeth” (2015). La gran maquinaria del cine no tardó en extender un generoso cheque a todos ellos por llevar a la gran pantalla la popular saga de videojuegos “Assassin´s Creed”. Pero el talento no se puede replicar a golpe de talonario y lo que en aquel trabajo resultaba arriesgado y lacerante, aquí queda como mero motor superficial y estético. Hay cierta intención y búsqueda de una atmósfera concreta para la película en la música de Kurzel, lo cual es más de lo que los jóvenes recién llegados logran aportar con sus comentarios incidentales, pero el peso de la apuesta vence al riesgo tomado.

El compositor opta -inevitablemente- por percusión continua y electrónica fuertemente integrada en el desarrollo musical, pero también focaliza el sentido rítmico de su escritura en una cuerda cinética de aires étnicos que otorga un peculiar colorido a la partitura. Pasajes como el arranque de “Initiation/Intro Running” o el intenso “The Aminus Room”, parecen deslizar ciertos conceptos interesantes en la banda sonora en este sentido, pero el aburrimiento sostenido de “Abstergo Rooftop”, “Sofia+Rikkin” o “Bleeding Effect” trabajan en dirección opuesta. La cuerda de “Sofia´s Lab” o “Patio Underground” recuerda a “Interstellar” de Hans Zimmer, y el ambiente opresivo de “Tunnel Chase” a “Sicario” de Jóhann Jóhannsson (siendo el temp-track un obstáculo imposible de evitar en blockbuster alguno hoy día), completando el tedio pasajes sintéticos más cercanos al ataque sensorial que a idea definida alguna como “Joseph and Cal” o “Columbus Suite – To the Port”. Es por su escasa aportación, difuminada entre clichés, que la banda sonora de “Assassin´s Creed” de Jed Kurzel apenas destaque entre la estática imperante.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.