La banda sonora de “Blade Runner 2049”, de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, suponía un desafío a demasiados niveles -en tanto creación original, reto a superar en expectativas, o trabajo a contrarreloj satisfactorio para con las imágenes- como para salir airosa en todos ellos. La sustitución paulatina del trabajo de Jóhann Jóhannsson, primer compositor asignado al proyecto y colaborador habitual del director de la cinta, Denis Villeneuve, vino a ser el primer toque de atención sobre las directrices sonoras esperables en el resultado final. Pese a su relativamente corta carrera, el músico islandés ha mostrado una originalidad, entidad y empaque más que notables en sus composiciones, haciendo de su elección una apuesta más que atractiva por parte del realizador canadiense. Pero el peso de una leyenda pareció ser demasiado para correr riesgos, y con el beneplácito de Villeneuve, pero casi con toda seguridad bajo las directrices de Ridley Scott, ha sido el gran músico de cine del siglo XXI, Hans Zimmer, el llamado en última instancia (con Benjamin Wallfisch como lugarteniente inmediato) a encauzar la musicalización de la secuela de una película icónica de la ciencia ficción.

La elección de Zimmer es más que lógica por muchos motivos. Primero, su propio nombre como marchamo de éxito en blockbusters de toda índole, desde los desafíos narrativos elevados de Christopher Nolan, hasta las animaciones de Dreamworks, pasando por los Piratas de Disney hasta las franquicias superheroicas de Marvel o DC. Segundo, por haber sido durante años el compositor de confianza del productor de “Blade Runner 2049” Ridley Scott (juntos hicieron “Thelma & Louise”, “Gladiator”, “Hannibal” o “Black Hawk Down”), al menos hasta que los egos de ambos dejaron de caber en la sala de grabación. Tercero, y quizás el más pertinente en lo relativo a esta tardía continuación, es la propia esencia artística de Zimmer. Si el griego Vangelis, autor de la banda sonora de “Blade Runner” (1982), puede considerarse el padre de los sintetizadores en el cine, el alemán Hans Zimmer bien pudiera verse como su hijo más exitoso. Obras iniciáticas suyas como “Rain Man” (1988), “Driving Miss Daisy” (1989″), “Pacific Heights” (1990) o “Millenium” (1992), que llamaron la atención de la industria por su frescura, prevalecen como muestras de la inventiva del músico en el trabajo electrónico con personalidad.

Por desgracia poco o nada queda de ese arrojo primerizo en los apresurados esfuerzos de Zimmer (y Wallfisch) por aportar algo a un tapiz sonoro congruente con el universo de Vangelis, cuya creación perdura en su impacto y sencillez como una piedra de roseta demasiado instaurada en el ADN estético de “Blade Runner” como para alcanzar, no digamos ya alterar, su grado de perfección y belleza. Los músicos tan solo replican las direcciones sensoriales y emocionales de Vangelis, adaptándolas como un puente temporal a las necesidades expositivas de Villeneuve. En este sentido la banda sonora de “Blade Runner 2049”, de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, logra sus objetivos con notable solvencia. El despliegue técnico de la pareja sumerge con inmediatez al oyente en un mundo sonoro familiar; desde el mismo arranque en “2049” con percusiones contundentes y ecos opacos electrónicos sostenidos, así como el ambiente lánguido para teclados de “Rain” o “Joi”, los sintetizadores expansivos y luminosos de “Mesa” o los abrumadores clusters iniciales de “Wallace” (con ecos a “Arrival” de Jóhannsson), que continúa con algo de la sonoridad étnica con la que Vangelis también sazonó pasajes de su partitura original para “Blade Runner”. Se trata de un proceso arquitectónico recurrente y hasta coherente, pero poco original.

Las texturas y el ambiente plúmbeo de fragmentos como “Memory”, “Orphanage” o “Pilot” resultan demasiado planas y superficiales, aunque otros como “Furnace” o “Her Eyes Were Green” introducen algo de profundidad y capas en su contenido. Pistas más cinéticas como “Flight to LAPD”, abrasivas como “Hijack” o la primera parte de “Blade Runner”, así como el extenso clímax de “Sea Wall”, apenas se diferencian de la pulsión asfixiante general de “Dunkirk”, previa colaboración de Zimmer y Wallfisch, de la que directamente parecen haber copiado y pegado aquí sus retales sobrantes. La recta final se abraza a un lirismo contenido, “All The Best Memories Are Hers”, que se libera recuperando la mítica melodía de Vangelis en “Tears in the Rain”. Es por la adopción de una postura autoral al servicio del espíritu de su referente musical, que la banda sonora de “Blade Runner 2049”, de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, pueda tildarse de acertada y funcional, pero en lo relativo a los demás desafíos creativos (de innovación, riesgo o perdurabilidad) que tenía por delante, el resultado queda muy por debajo de las expectativas.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.