Los superhéroes de cómic siguen siendo una de las fuentes de ingresos audiovisuales más importantes de Hollywood. Y esto significa apostar sobre seguro en todos los ámbitos posibles. La música de cine, como elemento artístico secundario y de post-producción (por norma), suele bailar con la más fea, usando lenguaje coloquial, en esta clase de poductos. Una vez llegados a la etapa final de maquillaje en una inversión de cientos de millones, no parece ser el momento de arriesgarse a que un elemento como el acompañamiento sonoro desvíe la atención del espectáculo preparado. Es por ello que nombres como el de Brian Tyler o Henry Jackman sean comodines para Disney, dada su facilidad para elaborar el tipo de musicalización codificada y predecible que se demanda en sagas y eventos comunicados como el universo Marvel en imagen real. Aportan estruendo, facilidad para el reciclaje electrónico y solvencia para lo orquestal en caso de ser requerido. Sin sorpresas, sin creatividad, sin riesgos.

La banda sonora de “Captain America: Civil War” de Henry Jackman supone el perfecto ejemplo de creación sonora multi-usos. Primero, se ubica dentro de la esfera estética y conceptual contemporánea de su trabajo previo para “Captain America: The Winter Soldier” y en la línea -como aquella- del Bourne de John Powell y el Batman de Hans Zimmer, añadiendo al catálogo de referencias al nuevo gurú de la épica impostada Junkie XL y sus trabajos para “Deadpool” o “Batman v Superman: Dawn of Justice“. Segundo, le añade todo el fuego de artificio posible (aunque nada novedoso) en cuanto a exceso, saturando de percusiones rítmicas, teclados procesados, coros sintéticos, clusters apocalípticos o escasas notas que articulan motivos sencillos (con apuntes fanfárricos y patrióticos puntuales) sobre los que superponer capas y capas de sonidos y efectos electrónicos a cada cual más guay, molón y moderno. Todo un carrusel efectista de pirotecnia sin discurso que se encarga única y exclusivamente de magnificar las imágenes, acompañando sin salirse lo más mínimo de los márgenes del relato. La música de Jackman no aporta nada, tan solo subraya, no sugiere nada, solo propulsa, no ofrece lecturas, se limita a redundar en lo expuesto. En realidad tampoco hace falta más.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.