Sin llegar a perder la brújula de su instinto natural para la creación sofisticada y aliñada con puñados de buen gusto, la banda sonora de “Che” de Alberto Iglesias denota el sino de los tiempos en la gran industria americana en todos sus frentes, por mucho que algunos quieran disfrazarse de independientes o arriesgados, para con los músicos de raza: claudicación u ostracismo. Con semejante actitud castradora hacia la creación artística pese a demandarse la colaboración de los profesionales de mayor estatus -reconocidos precisamente por la audacia de su voz y aportación de máxima calidad en su campo- dentro del medio, el resultado en este caso para el amante de la música de cine deja la sensación de haberse desaprovechado (o al menos malogrado en buena parte) una oportunidad única.

El arranque de la partitura con “Ese hombre es el Che Guevara” resulta ambiguo e inquietante, con disonancias electrónicas que dan paso a una hermosa y afligida melodía para guitarra, un tema bello y melancólico que se recuperará durante la pista “La Higuera, October 9, 1967”. La atonalidad y el dialogo polifónico de viento, madera y percusión, tamizado por una convencional electrónica, conformarán a partir de aquí buena parte del conjunto, destacando “Ten Years Earlier”, “New York, December 1964” o la primera mitad de “Sierra Maestra”, que desgranará un nuevo y sutil tema de cariz patriótico y noble que volverá a parecer en “Political Skills”. La segunda parte de dicha pista citará directamente a “Planet of the Apes” de Jerry Goldsmith y sus legendarios “Main Titles”, músico que volverá a citarse en figuras motívicas de acción stravinskiana y durante el juego polirrítmico de “March”, mientras la florida orquestación étnica recuerda a la retahíla de obras del californiano con regusto latinoamericano (“Breakout”, “Caboblanco” o “Under Fire”). Lo mismo ocurre en “Some Craziness is Good” con el empleo de piano y cuerda, mientras que “Camino a la Habana” vuelve a abrazarse al temp-track con “Patton” como referencia. Imposición u homenaje, el regusto amargo que dejan estas pistas afea el conjunto.

“Landscape”, “I Want to Take the Revolution to Latin America” y “Nancahuazu Canyon, March 23 1967”, muestran el otro destacable escollo de la obra al ser pistas construidas bajo los parámetros contemporáneos del diseño sonoro (la sombra del Hans Zimmer de “The Thin Red Line” o “The Ring” parece asomar en alguna de ellas), que en el mejor de los casos avanzan hacia el lenguaje interior del vasco en “Across Mount Turquino” o “Luces y Sombras”. Momentos en los que la proximidad a Takemitsu -debilidad confesa de Iglesias– se justifica como parte del acerbo expresivo del compositor, siendo “Ran” la más notable referencia del músico oriental a lo largo de la obra en pinceladas incidentales de aquí y allá, así como en su adagio final. Las citas se compensan con pasajes mucho más acordes con la estética de Iglesias en “Ambush” (uno de los mejores cortes gracias a su lacerante orquestación y abigarrada intensidad estructural), “Santa Clara” o “Patria o Muerte”, mientras otros sorprenden por la contundencia de su dialogo interno percusivo en “Military Skills” o por la sencillez y belleza de su lirismo en “Doctor Guevara”, haciendo de la banda sonora de “Che” de Alberto Iglesias un producto recomendable con reservas, y algo decepcionante para la elevada calidad habitual de este gran compositor, ahogado aquí por los lastres y engranajes de una industria que siempre le ha sido indiferente y potencialmente dañina (“Exodus: Gods and Kings“) para con su integridad artística.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.