Llorar es algo que nos humaniza, es un fenómeno caracterizado por derramar lágrimas, esas que Horner nos ha robado de una forma violenta. El maestro ha iniciado su último vuelo (“Flying forward in time”) -demasiado profético para ser cierto- dejando tras de sí una de las obras más interesantes de la música cinematográfica moderna. El Maestro ha muerto… Ahora tan solo nos queda recordar (traer al presente) que su música abrió las puertas de un frondoso bosque (“The forest”), la obertura perfecta- donde la emoción y la sensibilidad suelen jugar con las lágrimas del espectador. ¡Sí!, esa es la esencia de su musica y la razón por la que millones de aficionados nos enganchamos hace décadas a ese sonido tan característico que define su particular escritura. Como arengaba el héroe griego Aquiles a sus fieles Mirmidones; “¡La inmortalidad, es vuestra, cogedla!”. Tú ya la has cogido Maestro…

Los extraterrestres también lloran… Y ahora más que nunca. Primero fue “E.T.” de Steven Spielberg, un marciano de metro y medio, feote pero entrañable que despertaba más ternura que temor. Luego vinieron los “Cocoon”, unos extraterrestres luminosos que vestían piel y zapatos y que además poseían la extraña capacidad de llorar. “Cocoon” fue la primera colaboración del tándem HowardHorner, una dupla que durante años –llegaron a colaborar hasta en siete ocasiones- nos regalaron algunas de las partituras más importantes del músico californiano. “Cocoon”, “Willow”, “A Beautiful Mind” o “Apollo 13” dan buena cuenta de ello. Ahora, tres décadas después el sello discográfico Intrada edita una edición completa y remasterizada del score, una auténtica joya discográfica que todo aficionado a la música debería tener en su discoteca particular.

La partitura se divide fundamentalmente en dos partes bien diferenciadas que dibujan con precisión la narración de los acontecimientos. La primera está marcada por la música swing, “Going to the pool/Unvelling”, tan del gusto del músico, que muestra la transformación de los protagonistas, unos simpáticos octogenarios que encuentran en una piscina la fuente de la eterna juventud. El dinamismo y la vitalidad, “Seduction/Let´s go”, se definen a través de estas viejas y rítmicas melodías de los años veinte que Horner reutilizaría con más protagonismo dos años más tarde en su obra “Batteries not included”. La segunda, la parte melódica del score, y a la postre la más interesante de las dos, es la que describe los sentimientos más profundos de los protagonistas. Humanos y Cocoons tejen entre guitarras y oboes (“First Tears/Sad Goodbye”), profético una vez más, el leitmotiv principal, una maravillosa e intimista melodía que tiene su culminación en la parte final de la obra, lugar donde Horner siempre despliega –me niego a utilizar el tiempo pasado- toda su magia. Es en sus créditos finales (“Theme from Cocoon”) donde los sueños se hacen realidad. Gracias Mr. Horner, porque gracias a ti ahora los humanos también lloran…

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.