Los relatos salidos de la prodigiosa y enrarecida mente del estadounidense Howard Phillips Lovecraft, han sido durante años fuente de inspiración de numerosas películas de ciencia ficción, que acudían a sus historias en busca de hechos inexplicables, para la mayoría de mentes racionales. La de Lovecraft no lo era, un genio de la literatura inimitable, llevado al cine en producciones aceptables y otras no tanto. Este es el caso de “Dagón: La secta del mal” (2001) de Stuart Gordon, un director versado en el cine de terror, que no atesora demasiada calidad, pero que se mantiene en el candelero. Fantastic Factory la compañía española encargada de producir esta obra, fue creada en 2001 por la empresa Filmax y desapareció en mayo de 2007. Durante este periodo se hicieron películas como Arachnid (2001), Dagon (2001) o Darkness (2002). Lo mejor de ellas, su apartado musical, sin duda. Si en la primera era el catalán Frances Gener el encargado de musicalizar el ataque de unas arañas muy peculiares, las dos últimas cayeron en las manos del genio de Carles Cases. Un acierto que benefició sustancialmente el devenir de estos films. Ni cabe decir que el guión escrito por Dennis Paoli, denostaba por completo la extraordinaria obra de Lovecraft. En el reparto pudimos ver a Paco Rabal, entre otros nombres, lo que no fue suficiente para levantar este producto.

Tras sufrir un choque en el barco donde celebraban el éxito de su empresa, Paul y Bárbara piden ayuda en un extraño pueblo cercano para así poder auxiliar a Howard y Vicki, la pareja que los acompañaba. Cuando regresan descubren que sus amigos han desaparecido. Los inquietantes habitantes de la zona son adoradores de un ser monstruoso de las profundidades del mar llamado Dagón, al cual ofrecen sacrificios humanos.

Lo único de la cinta que logra crear pavor es la música de Cases. Carles empapa la película de un aroma de misterio continuado, a veces demencial. Esta es una autentica banda sonora de calidad, que ayuda y mejora con creces el producto final. Los sonidos atonales surgidos del ingenio del catalán, contrastan con el minimalismo argumental con el que la voz solista femenina sume al espectador-oyente. Crea intriga y ambienta la historia magistralmente. Si la voz femenina, junto a la cuerda, hipnotiza y envuelve el misterio, los sonidos del sintetizador y de los instrumentos rudimentarios utilizados por el compositor acrecientan el terror. Esta es una obra pensada al milímetro en la que no esperen escuchar bellas melodías, pero que arropa de manera más que destacada a la secta y el horror que despierta la bestia. La voz masculina se erige como principal soporte musical del grupo y su horrenda criatura. Cases solo da respiro con la inclusión de un tema de aires celtas, en clara alusión a la situación geográfica, Galicia. Es una música en la que las gaitas y la percusión se posicionan como principales valedoras del mismo, aunque por poco tiempo, puesto que las voces masculinas avisan de la presencia del clan.

Un score que está muy por encima de lo que se viene haciendo, por ejemplo, en las cintas de terror de la cinematografía norteamericana, exceptuando algunos casos aislados. Lástima que a un compositor de este calibre no se le ofrezcan más encargos, estamos perdiendo un filón al que vale la pena volver a seguir extrayendo talento.

Reseña de Antonio Piñera.