La banda sonora de “Dances with Wolves” (1990) de John Barry es un trabajo colosal donde se dan cita la épica más genuina con guiños al western clásico, junto al romanticismo envolvente y ensoñador de su autor mezclado con percusivas y ominosas intervenciones orquestales. El relato, desmitificador del papel americano en la conquista del oeste y conciliador con la imagen de los indios, tuvo un éxito enorme y consolidó la figura de Kevin Costner (realizador, productor y protagonista) en Hollywood. En la otra cara de la moneda, el rutilante éxito de la película, del que participó y tuvo su parte de crédito la partitura de un recuperado John Barry (que por aquella época venía de recuperarse de una grave enfermedad que casi le costó la vida dos años antes) le habría venido de perlas al compositor originariamente asignado al proyecto, un Basil Poledouris que declinó la oportunidad de embarcarse en otro western (aun recienes sus formidables “Lonesome Dove” y “Quigley Down Under”) por deferencia hacia su amigo John Milius, que preparaba entonces “The Flight of the Intruder” (1991), y que había sido uno de los mayores valedores del músico de ascendencia griega en sus inicios como así demuestran sus bandas sonoras para “Big Wednesday” (1978) o “Conan the Barbarian” (1982). La lealtad de Poledouris supuso un nuevo éxito y reconocimiento para Barry, que ganó su quinto oscar con la banda sonora de “Dances with Wolves” .

La potencia de ciertos pasajes de tensión y drama contrasta con la delicadeza y sensualidad de otros, así como la animosidad y emotividad de las secuencias cumbres del largometraje. El radiante empleo de la cuerda -uno de los inconfundibles sellos del autor- en su exquisito tema de amor “Love Theme” contrasta con el poderío de los inconfundibles pasajes para metales -otro de sus puntos fuertes- que describen el paisaje y las tribus indias con diferentes matices. El tema principal dedicado al protagonista “The John Dunbar Theme” es versionado en distintas ocasiones, primero destacando la melancolía del mismo al comienzo para más tarde realizar un amable comentario sobre la evolución de su personalidad con el uso de la armónica. Barry desgrana temas memorables como el asociado al viaje “Journey to Fort Sedgewick”, que perdura en la memoria del aficionado gracias a la sublime capacidad lírica del compositor, cuya facilidad para escribir melodías de enorme calado romántico, aventurero y heroico encuentra en esta película su mejor excusa. Destaca también el dedicado al lobo que hace compañía al protagonista en “Two Socks/The Wolf Theme”, la melodía asociada a los búfalos en “Spotting the Herd”, el asiciado a la amistad entre Pájaro Guía y John Dunbar en “The Buffalo Robe” o el emocionante rescate del protagonista de las manos del ejército del que formaba parte en “Rescue of Dances with Wolves”.

Aunque sin duda alguna los momentos álgidos del score se preservan para la apertura del film en mitad de un campo de batalla (“Main Title/Looks like a Suicide/Second Suicide Attempt”), la secuencia de la cacería de búfalos (“The Buffalo Hunt”/”Smiles a lot is saved”) y la conclusión del mismo con la marcha del protagonista (“Farewell and End Title”). Las excelsas escenas de inicio y conclusión, con más de siete y casi nueve minutos de duración respectivamente, entretejen con soberbio pulso narrativo y una brillantez audiovisual pasmosa fragmentos musicales envidiables, pero es en la cacería donde la épica luce en todo su esplendor. Barry acabó escribiendo dos fragmentos para esta escena, uno inicialmente preferido por él -y por ello incluido en la primera edición de la partitura en disco- con el desarrollo más exuberante y romántico del tema de Dunbar, y a posteriori otro más espectacular con referencia directa al cliché de la música del western que acabaría siendo utilizado en el film. Primero aparece el tema asociado a los búfalos seguido del nuevo motivo coplandesco, que da paso al tema central y al desarrollo de una nueva melodía con el empleo de unos coros cuasi místicos que otorgan a la secuencia una solemnidad mítica. Se remata en la nueva edición doble de La la land con el momento de tensión que acompaña el salvamento del joven indio al final de la cacería, inédito en todas las ediciones anteriores, así como los pasajes de la primera visita de Dunbar al poblado de los Sioux (“The Village”) y otras piezas menores pero no por ello desdeñables (“She´s Hurt”, “Hand-Fed Jerky”, “Turned Injun”), que hacen todas ellas de la banda sonora de “Dances with Wolves” de John Barry un trabajo inolvidable.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.