La banda sonora de “Doctor Strange”, de Michael Giacchino, supone un refrescante paréntesis conceptual dentro del denostado y previsible universo musical de las películas Marvel. Si desde el inicio del mundo de las viñetas adaptado con la banda sonora de “Hulk” (2003), de Danny Elfman (sustituyendo ya de entrada al compositor Mychael Danna, nombre habitual del realizador de la película Ang Lee) ya se puso de manifiesto el miedo de la compañía a musicalizar de forma robusta y destacada sus películas, el éxito de “Iron Man” (2008), con discreta música de Ramin Djawadi, vino a confirmar que las señas de identidad musical del negocio Disney/Marvel eran unívocas para todos los compositores implicados en el mismo. Independientemente de su idiosincrasia compositiva (John Debney, Patrick Doyle, Alan Silvestri, Brian Tyler, Henry Jackman, Danny Elfman o Tyler Bates se han subido al tren del dinero sin poner reparos al temp-track o la mutilación emocional de su música), casi todos los músicos que han participado en una cinta Marvel han claudicado en mayor o menor medida a las exigencias de la sonorización industrial de la compañía. Salvamos la simpática (y parcialmente atípica) banda sonora de “Ant-Man” de Christophe Beck.

Giacchino no se libra de los clichés (cosa imposible dado que su propia esencia musical abraza los lugares comunes de cualquier género con fruición) en la banda sonora de “Doctor Strange”, pero como es habitual en su catálogo, los usa y retuerce con inteligencia y personalidad propia, saltándose en buena parte las limitaciones que han acusado sus previos compañeros de fatigas marvelitas. De entrada el sonido Zimmer que ensombrecía a nombres propios tan destacados como Doyle o Elfman (no así a los afines Djawadi o Tyler) desaparece de la ecuación, dejando una libertad armónica para la obra impensable en secuelas encorsetadas o crossovers a medida. De este modo la gran orquesta y los coros tendrán su presencia, pero no fagocitan el ideario del trabajo, que se asienta sobre un heroico y maleable tema central de aparición en la sección final de la pista “Ancient Sorcerer Secret”, de misterioso desarrollo con percusión étnica y sitar como elementos localistas descriptivos, seguido de un apocalíptico fragmento sinfónico. Quizás se cuele en la estructura de dicha melodía (especialmente visible en su versión final) algo del tono de David Arnold para “Sherlock”, apelando a un juego de espejos musical asociado al carismático protagonista, Benedict Cumberbatch.

“The Hand´s Dealt” propone ambiente cíclico y minimalista a lo “Star Trek: Into the Darkness”, diluyendo el tema central a piano, mientras que “A Long Strange Trip” ofrece disonancias vocales y urgencia percusiva con anárquica y desafiante orquestación (muy cercano a lo que habría hecho Christopher Young de haberse dado el caso; recordemos que el realizador de la cinta Scott Derrickson ha contado en varias ocasiones con Young previamente). Los coros de aires amenazadores y místicos en “The Eyes Have It”, dan paso a las inocuas pistas (de las pocas) “Mistery Training” y “Reading is Fundamental”. La incidentalidad más elaborada llega en “Inside the Mirror Dimension” (con sitar) y “The True Purpose of the Sorcerer” (con clavicordio), para desatar la acción en el pasaje más extenso de la obra “Sanctimonious Sanctum Sacking”, punto de inflexión que da paso a la urgencia (“Astral Doom”, “Smote and Mirrors” realmente inspirado en su polifonía rítmica), la variante humorística (“Post Op Paracosm”, “Hippocratic Hypocrite”), la calma antes de la tormenta (“Ancient History”) y la pirotecnia final bien ensamblada (“Hong Kong Kablooey”, “Astral World Worst Killer”). Todo ello culmina con la más épica y grandilocuente versión del tema central (“Strange Days Ahead”), rematada con propina barroca (“Go for Baroque”) y coda lisérgica con guiños al rock psicodélico de Jethro Tull en “The Master of the Mystic End Credits”, tour de force de su recta final que hace de la banda sonora de “Doctor Strange”, de Michael Giacchino, un espectáculo bastante sólido, con sus debilidades intrínsecas, pero sin duda superior al grueso de la música Marvel.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.