La banda sonora de “Dunkirk”, de Hans Zimmer, viene a romper el ciclo ascendente de creatividad y retroalimentación audiovisual a nivel narrativo y semántico que las colaboraciones previas del compositor con Christopher Nolan habían establecido en el nivel de una creciente excelencia. De este modo, “The Dark Knight” (2008), “Inception” (2010) e “Interstellar” (2014), ponían el listón a una altura musical casi imposible. Quizás por ello, y por tratarse de una cinta diametralmente opuesta a las anteriores en su propia condición de retrato histórico realista -frente a las fantasías de ficción previas-, director y músico han apostado por otra línea conceptual, que pese a todo mantiene la firma estética zimmeriana en todo su espectro arquitectónico, pero que prescinde de un comentario emocional profundo e imbricado con el relato.

El arranque con la pista “The Mole”, sostenida y ambiental, con predominancia de plúmbeos sintetizadores y registros bajos en la orquesta punteados por una percusión pulsatil que recuerda al tic-tac de un secundero marcando inexorable el paso del tiempo, transmite una implacable sensación de amenaza y pathos fatídico. Esta idea, sin asidero temático alguno que la sustente, continúa en pasajes como “We Need Our Army Back” o “The Tide”. La acción, obsesiva y desprovista de cualquier adorno espectacular, se despliega en “Supermarine” con una estructura in crescendo sin resolución de gran intensidad. Añade capas de sonidos que aportan urgencia y dramatismo, pero en cuestión de originalidad, Zimmer se queda a medio camino del tema del Joker para “The Dark Knight” y el de Bane para “The Dark Knight Rises”. Lo mismo ocurre a menor escala en “Impulse”, al final de “The Oil”, y de forma más abrasiva en “Home”, cuya resolución abraza el lirismo por primera vez, dando voz al luminoso y esperanzador adagio de Edward William Elgar arreglado por Benjamin Wallfisch; “Nimrod: Enigma Variations”

Esta vertiente se expone ampliamente en las dos últimas pistas, “Variation 15 (Dunkirk)” y “End Titles (Dunkirk)”, en las que el tema de Elgar se desarrolla primero en su quinceava variación según indica el título (el músico inglés realizó catorce), y después se fusiona con material de Zimmer y de un también acreditado Lorne Balfe para los créditos finales. El resultado de la banda sonora de “Dunkirk”, de Hans Zimmer, es un ejercicio denso, preciso y poco complaciente, que se aleja de su referencia más esperable, como pudiera haber sido la banda sonora de “Thin Red Line” (1998), de la que apenas se apuntan ecos de orquestación en algún fragmento aislado como “Shivering Soldier”, y que sin dejar de sonar a si mismo en sus recursos narrativos dentro de la acción, se queda un tanto en segundo plano. Un trabajo al servicio de la imágenes en cuya ecuación sonora el ego de Zimmer parece auto anularse para potenciar y facilitar toda la fuerza fílmica y capacidad expositiva de Nolan.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.