La banda sonora de “El Olivo” de Pascal Gaigne supone la cuarta colaboración conjunta del músico con la realizadora Iciar Bollain y su edición discográfica, obra de Quartet Records, aprovecha la breve duración de este nuevo trabajo para hacer un recorrido sonoro por los cuatro títulos -hasta ahora- de este exitoso tandem audiovisual. Empezando por el estreno, la partitura se asienta sobre dos ideas conceptuales complementarias, dos vertientes temáticas que el propio Gaigne desgrana con lucidez en las notas del generoso booklet: movimiento (el viaje de la protagonista, su empuje, el tono a lo road movie de la película avanzando el metraje) y reflexión (asociada al olivo, a los recuerdos, al origen familiar, vital y emocional de los personajes).

Así motor y ancla se traducen en dos ideas sencillas que se alternan con variaciones, siendo la primera protagonista casi absoluta de la banda sonora de “El Olivo” con las pistas “Parte 1”, “Parte 2” y “Parte 5”, donde piano, cuerda y maderas (con ocasional acordeón), exponen las ideas cíclicas y repetitivas tan de gusto del autor, cuya firma estética se hace presente de modo inmediato durante el desarrollo de este motivo central y en los instantes expansivos para violines en la sección inicial de “Parte 3” por ejemplo. La segunda idea son unas notas sostenidas para piano acompañadas de una orquestación cristalina, cuya aparición en las pistas “Parte 3” (con ecos a “Loreak”) y “Parte 4” aportan todo el poso dramático requerido por el relato. Aplicando la máxima del menos es más, Gaigne se vale de estas -nada exuberantes- herramientas para alcanzar con éxito tanto el acompañamiento visual, como reforzar el subtexto a nivel melancólico, humorístico y animoso, haciendo parecer fácil un equilibrio difícil.

Como complemento se incluye un generoso minutaje de la excelente banda sonora de “Katmantú, un espejo en el cielo” (2012), bellísima obra a caballo entre lo étnico (Maurice Jarre, autor admirado por Gaigne, sin duda habría dado su visto bueno a la exquisita y sutil orquestación e imbricación instrumental en la partitura) y lo lírico. También la única pieza original de “En tierra extraña” (2014), un documental al que esta trepidante y arrojadiza pista añade colorido y rítmica desbordante. Y además se recupera la inédita banda sonora de “Flores de otro mundo” (2000), ecléctico trabajo y primera toma de contacto entre músico y directora, donde se aprecia lo heterogéneo del concepto -mucho más pulido como discurso estilístico unitario, personal y fluido en “El Olivo”- empleado por Gaigne para capturar las intenciones de Bollain.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.