El trabajo internacional de nuestro, quizás, mejor músico audiovisual moderno, pasa por mostrar su cara más maleable y comercial en este trabajo. Así pues la banda sonora de “Exodus: Gods and Kings” de  Alberto Iglesias supone tanto de esforzado collage conceptual, como de ejemplo clarificador de los males endémicos de la industria más convencional para con la integridad artística de nombres como el suyo. Los avatares en la co-nacionalidad de esta superproducción se advierten en el resultado final de su música, desarrollada con todos los medios que el dinero puede pagar (orquesta enorme, coros, solistas, producción sonora apoteósica, etc…) y contando de entrada con el compositor más audaz de nuestras fronteras, acreedor de un estilo y personalidad estética propias, poco dado a participar en eventos megalómanos de este tipo (un Ridley Scott pasado de vueltas digitales), pero capaz -de largo- de poner música a cualquier proyecto que se le ponga por delante. La épica historia de Ramsés y Moisés podría haber supuesto en un no maniatado músico, una creación única y un punto álgido en su carrera, pero tratándose de una película netamente hollywoodiense pese a la co-producción y con Scott al mando, el resultado, aun meritorio en ciertos aspectos, deviene en un ejercicio de espectáculo donde solo podemos atisbar por momentos la firma del auténtico Alberto Iglesias.

Para empezar, la autoría de la banda sonora la completan Federico Jusid y Harry Gregson-Williams, que se encargan, con y sin el material temático central, de crear el grueso de las piezas musicales más aparatosas y genéricas; las que exponen acción propulsiva con coros y percusiones apabullantes. Estas quedan resueltas con gracia y clasicismo por parte de Jusid frente al socorrido ejercicio de aparatosidad industrial de Gregson-Williams, más cercano en intenciones a -sin duda- los deseos de Scott. Sin embargo no todo está perdido, pues la mano de Iglesias incluso con el viento en contra es capaz de entregar numerosas muestras de su talento para con el espectáculo de buen gusto (las fanfarrias a lo North de “Leaving Memphis”), la belleza melódica (en la sentida “Goodbyes”), e incluso chispazos de su rúbrica inconfundible (las cuerdas a la Medem para “Alone in the Desert”). Asímismo aporta profundidad emocional y lecturas metalingüisticas en momentos clave como “I Need a General”, al tiempo que perfila con contenido geográfico, pero sin saturar la evidencia, los temas asociados a los personajes centrales en “Exodus”, donde interactuan ambos con la elegancia inconfundible de un músico extraordinario.

El uso de vocalizaciones solistas, instrumentos étnicos, masas corales y demás elementos comunes a las grandes producciones musicales modernas de calado épico, quedan atadas y pulidas por Nicholas Dodd y subsidiariamente por Alistair King, ambos nombres de sobra capaces en la dirección y orquestación de trabajos propios y ajenos. En este caso y por forzada necesidad a la hora de unificar las distintas voces y elementos sonoros de la película en cuestión, su trabajo resta volumen, detalle y densidad a la música del compositor titular, siendo no obstante la banda sonora de “Exodus: Gods and Kings” de Alberto Iglesias, una obra con suficientes elementos de interés como para merecer nuestra atención.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.