El escepticismo se adueñó de los aficionados a la música audiovisual cuando se anunció que Stephen Warcbeck, compositor inicialmente asignado a uno de los proyectos televisivos de más enjundia de los últimos años había sido sustituido junto al director inicial del piloto de la primera temporada de “Juego de Tronos”. Lo siguiente fue un helado escalofrío recorriendo nuestra espalda al conocer el nombre que tomaría las riendas musicales de la popular y extensa saga literaria “Canción de Fuego y Hielo” de George R.R. Martin, siendo este Ramin Djawadi. Identificado como uno de los más limitados y funcionales miembros del grupo de aprendices de Hans Zimmer, poco o nada destacado había entregado a la disciplina para merecer tamaña oportunidad. Solo su coetánea y aceptable creación para la nueva versión de “Clash of the Titans” pareció crédito suficiente a los responsables de la HBO para encargarle una tarea ambiciosa y llena de posibilidades.

Stephen Warbeck podía lucir un oscar por “Shakespeare in Love” así como trabajos exquisitos (“Charlotte´s Grey”, “Captain Corelli´s Mandolin”) e incluso brillantes (“Quills”, “Two Brothers”), pero Ramin Djawdi apenas contaba con “Iron Man” y “Mr. Brooks” en su haber, creaciones simpáticas y discretas en el mejor de los casos. Enfrentarse a la tarea de poner música a una saga que muchos lectores equiparan, cuando no algo más, a “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien, con tantas aproximaciones musicales estéticas y conceptuales como sea posible imaginar, parecía algo más factible para un músico asentado, con talento y experiencia que para un novato de cadena de montaje. Pero llegado el momento Djawadi estaba a bordo y lo que nos entrega es lo que debemos juzgar.

La banda sonora de Ramin Djawadi para la primera temporada de “Game of Thrones” se compone de tres temas destacados y un diseño sonoro acorde a las modas imperantes en el Hollywood actual. Electrónica y orquesta mezcladas con solvencia que dejan al aparato instrumental definir melodías y motivos básicos mientras se cede terreno a la percusión y los sintetizadores para ilustrar las secuencias atmosféricas y de acción. Algo de sonoridad lejanamente medieval se deja entrever en pasajes como “The Kingsroad” o “The King´s Arrival”, pero apenas son apuntes de color en un conjunto demasiado homogéneo y opaco en el mal sentido. Los temas por su parte cumplen razonablemente bien con su cometido, siendo el central (“Main Titles”) un acierto de sencillez. Como cualquier cabecera destacada en televisión posee todos las características necesarias para incrustarse en la memoria auditiva del espectador: inmediatez, reiteración, simplicidad armónica y melodía retentiva. A medio camino entre el minimalismo sinfónico de Clint Mansell y la fuerza conceptual cíclica de Hans Zimmer, Djawadi se asegura de retomarlo solo ocasionalmente, fijándolo dentro del relato en momentos clave (“Game of Thrones”). El siguiente tema se dedica a la familia Stark y su hogar Invernalia (“Goodbye Brother”, “King of the North”), que resulta honorable, dramático y sentido, desarrollándose a modo de elegía para cuerda, y el tercero queda asociado a Daenerys de la familia Targaryen, casi extraído a modo de variación del tema central, que conocerá un escueto desarrollo en la pista “Fire and Blood” y luego en “Finale” con la aparición de unos tenues coros.

La asociación temática de este material, la construcción lineal dramática del mismo y el desarrollo estructurado de las ideas habituales para secuencias musicales genéricas como escaramuzas, peleas, intrigas o batallas, se saldan con la parte más predecible de la composición. Que por desgracia es buena parte de ella. No obstante, la banda sonora de la primera temporada de “Game of Thrones” de Ramin Djawadi consigue sobrellevar las limitaciones de su compositor con bastante más dignidad de la que algunos le augurábamos.