El tremendo éxito de audiencia de la primera temporada de “Juego de Tronos” (nombre que tomará como propio la serie para su adaptación televisiva en adelante en lugar del fundacional “Canción de Fuego y Hielo” o incluso la opción de cambiarlo con cada nuevo segmento en consonancia a los libros usados para su desarrollo; “Choque de Reyes”, “Tormenta de Espadas”, “Festín de Cuervos”, etc…) propició un aumento del presupuesto y las expectativas por parte de la productora HBO que se ha visto posteriormente refrendado por un éxito sucesivamente mayor con cada nueva entrega y el clamor popular arropándolo. Martin ya no debe tener sitio para guardar el dinero.

Por supuesto la continuidad artística se amplifica o continúa según lo miremos dentro de la serie, manteniéndose en lo que nos atañe el compositor de su música. De este modo la banda sonora de la segunda temporada de “Game of Thrones” de Ramin Djawadi deviene en un ejercicio de dicha continuidad. La ampliación de familias, personajes y localizaciones apenas afecta al discurso del músico, cuyo sustrato emocional crece solo en algunas nuevas pinceladas líricas (“I Am Hers, She is Mine”). Aporta dos nuevos motivos de poca consistencia pero indudable plasticidad. El primero se asociará a la casa Greyjoy (“What is Dead May Never Die”, “Pay the Iron Price”) y es un ostinato in crescendo para cuerda, ominoso y amenazador. El segundo, algo más interesante se dedica al Dios Rojo, quedando atado también a su sacerdotisa y seguidores. Se trata de un sinuoso motivo ascendente y descendente que sugiere ambigüedad e inquietud.

Otros pasajes más livianos construidos sobre pequeñas células motívicas y conatos de orquestación adornan puntualmente el conjunto, pero la uniformidad del planteamiento inicial perdura, recuperando los temas previos de los Stark (“Winterfell”) y el de Daenerys hábilmente mezclado con el central (“Mother of Dragons”). Se culmina con una sencilla tonada de aires medievales y futuro protagonismo; “The Rains of Castamere”. De este modo la banda sonora de la segunda temporada de “Game of Thrones” de Ramin Djawadi mantiene la compostura, la forma y el fondo. No es mucho, pero algo es algo.