Se trata de uno de los remakes más innecesarios jamás perpetrados. Y aun así habrá quien tenga curiosidad por ver esta película, lo cual no es una crítica pues la taquilla es la que decide que productos de este tipo tienen razón de existir, aunque las razones sean pecuniarias y no artísticas. En su apartado musical, la banda sonora de “Ghostbusters” de Theodore Shapiro tiene el doble inconveniente de enfrentarse a una canción de imnensa popularidad que fagocitó casi por completo el rol de la partitura de Elmer Bernstein para la película original así cómo totalmente al Randy Edelman de su secuela, y además de tener que enfrentarse a las circunstancias habituales del cine comercial contemporáneo en lo relativo al empleo de la música en las mismas, ya sea como mero comparsa incidental de relleno sonoro continuo sin entidad o perfilamiento temático destacado, como limitado en su propuesta conceptual a gran orquesta y coro porque no le queda otra al músico. Shapiro es un autor discreto pero estimable cuando la producción para la que trabaja no se juega cientos de millones el primer fin de semana de su estreno, por lo que entra en el mismo saco que la mayoría de compositores de Hollywood hoy día y su nombre es sustituible por Christophe Beck, Andrew Lockington, John Paesano, Tyler Bates o similares.

La banda sonora de “Ghostbusters” de Theodore Shapiro presenta los parámetros habituales en el apartado sonoro del blockbuster moderno: acción sin frenos, suspense convencional, coros desatados, apuntes cómicos y la canción de Ray Parker Jr incluida en algún momento puntual para complicidad facilona del fan de la saga. El arranque no deja lugar a dudas, “The Aldridge Mansion” y “Never Invited” presentan el suspense de manual, con cuerda sostenida y sobresalto ocasional. La acción desatada con coros apocalípticos y órgano tétrico (en la línea prototípica de “The Haunted Mansion” de Mark Mancina o “Dark Shadows” de Danny Elfman) también tiene intervención inmediata en “Garrett Attack” y “The Universe Shall Bend”, mientras que la canción se cita ya de entrada en “Distinct Human Form” aunque de forma sutil y solo una frase a modo rítmico. Shapiro encuentra un hueco para introducir un motivo heroico con aires al tema de Alan Silvestri para “The Avengers” en pistas como “Subway Ghost Attack” o “Ghost in a Box”. El estruendo sigue en pistas intercambiables como “Mannequins” o “The Power of Patty Compels You”, aunque encontramos suspiros de artesanía como el goldsmithiano “Dr. Heiss” y su continuación en “Ley Lines”, donde la gradación en la intensidad y uso coral delata a un músico con mucha más capacidad de la que aquí le es tolerada. La pirotecnia final de “The Fourth Cataclysm”, “Battle of Times Square”, “Behemoth” e “Into the Portal” (aunando coros, tema central en versión épica, percusión tremebunda, órgano, canción original y plena orquesta) no supone diferencia alguna respecto a cualquier otro pasaje de la partitura, excepto quizás en el rango dinámico de su ejecución. Es por ello que el resultado sea exactamente el esperable: mucho ruido y pocas nueces.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.