Hay compositores que consiguen, salvando baches y pasando épocas de vacas flacas, sobrellevar la condición de haber sido grandes estrellas en su momento, reconocidos por público y crítica, amasando una considerable cantidad de irredentos fans que seguirán su obra hasta la desidia sin apenas rechistar y que con el paso del tiempo se adaptan al cambio, reducen el tamaño de su ego en la ecuación comercial y ajustan su perfil al presente audiovisual. Danny Elfman puede fácilmente encajar en este selecto grupo de supervivientes de lujo que con mayor fortuna económica (James Newton Howard) o menor consideración de la industria (Christopher Young), mantienen su nombre en el candelero de modo más o menos continuo. Asimismo para Elfman,  autor de renombre, con dilatada experiencia y un bagaje considerable en ciertos géneros, resulta fácil acceder a productos nacidos a la sombra de unos códigos ayudados a definir -musicalmente- por el mismo; siendo el fantástico (en modo cómico-paródico o no) uno de ellos, sino el más destacable en su caso.

De este modo la banda sonora de “Goosebumps” de Danny Elfman es un agradable y correcto ejercicio de continuidad estética respecto a obras cercanas (“Frankenweenie”, “Mr. Peabody & Sherman“), con retazos y guiños a trabajos algo más distantes (“Sleepy Hollow”), en especial a “The Frighteners” (1996). Parte de un arrojadizo e identificable tema central -“Goosebumps”- de aires bufos y acelerados para plena orquesta y coros, al que acudirá intermitentemente a lo largo de la composición, intercalándolo con robustos pasajes de acción donde cinética cuerda y agresivos metales crean el frenetismo habitual elfmaniano. Introduce un sencillo motivo para viento y piano -“Camcorder”- que suaviza el conjunto fugazmente, pero el grueso del trabajo oscila entre el misterio ambiental que recrea el cliché paródico (Ondas Martenot incluidas) y la contundencia propulsiva de la acción, que llega a saturar la audición por momentos, aunque el músico sea capaz de dosificar el exceso con el uso de coros retardado hasta su pirotécnico final en “Farewell”.

Se puede decir que la banda sonora de “Goosebumps” de Danny Elfman cumple con su cometido de forma respetable, sin aportar nada nuevo, pero cumpliendo con un nivel de exigencia musical mínimo que hace de su escucha aislada una experiencia agradable. No se puede decir lo mismo de muchos otros autores.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.