La banda sonora de “Hacksaw Ridge”, de Rupert Gregson-Williams, confirma las impresiones musicales que este compositor ha dado en sus trabajos previos en solitario, como “The Legend of Tarzan” o “Bee Movie”, que no son sino las de un efectivo funcionario capaz de replicar el estilo de otros y el tono requerido por la película que se le encargue, basándose en los clichés, formulismos y nombres destacados que han definido el género de dicha cinta. No hay voz personal -todavía- en su discurso, ni riesgo, ni aportación melódica, orquestal o conceptual destacada en ningún aspecto. Es simplemente correcto en sus funciones, pero como tal, también predecible y superficial. Dado que “Hacksaw Ridge” (“Hasta el último hombre” en su rimbombante título traducido al castellano) es una película de Mel Gibson, el encaje audiovisual del componente sonoro se engrandece por el innegable talento narrativo del realizador, así como por su emocionante construcción dramática. Pero la partitura no posee entidad o personalidad, siendo en gran medida deudora del estilo lírico y desarrollo temático de James Horner, al que sin duda Gibson tendría en mente de haber podido contar con el.

La partitura se articula en torno a un tema central sencillo y dulce, de aparición inmediata en “Okinawa Battlefield”, decorado por unos fatuos coros y algo de instrumentación específica -con aires a “Legends of the Fall” (1994)- que le otorga cierto colorido. Gregson-Williams lo retomará continuamente en casi todas las pistas iniciales, como “I Could Have Killed Him”,  “A Calling”, “Climbing for a Kiss”, “Pretty Corny” o “Dorothy Pleads”. Siembra una inquietud ominosa en los pasajes “Throw Hell at Him” y “Hacksaw Ridge”, mientras que la acción percusiva surge con apoyo electrónico en “Japanese Retake the Ridge” y la épica minimalista para metales en “I Can´t Hear You” (recordando ambos al Hans Zimmer de “Inception”). Mantiene esta línea con algo de sentimiento en “One Man at the Time” y “Rescue Continues” (con percusión exótica y cuerdas a lo James Horner otra vez), para recuperar el discurso inicial en “A Miraculous Return” y alcanzar el clímax con “Praying” (volviendo a “Time” de Zimmer para “Inception”). Es por esta sucesión de recortes y clichés, que la banda sonora de “Hacksaw Ridge”, de Rupert Gregson-Williams, suponga un vacuo ejercicio estético engrandecido por la fuerza de sus imágenes.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.