Los clichés y formulismos habituales del compositor hacen su aparición desde el inicial pasaje que hace las veces de tema principal para la banda sonora de “Hellboy II: The Golden Army” (2008), de Danny Elfman, con un compendio de ritmos familiares y estruendosos coros que no consiguen ocultar la ausencia de una melodía realmente memorable (como sí conseguía Beltrami en el primer “Hellboy” o el propio Elfman en “Batman” o “The Flash”). Pasajes como “Training”, machacones e imbuidos en esa electrónica impersonal que el músico ha abrazado en sus peores momentos (“Planet of Apes”, “The Kingdom”), se alternan con otros ambientales algo más floridos en el juego tonal como “The Auction House” o “Where Fairies Dwell” (con coros infantiles y celesta incluidos para rememorar en toda regla a Tim Burton). Pasajes que intentan dar colorido cómico como “Hallway Cruise”, se quedan en el mero acompañamiento de tipo mickey-mousing, donde la labor de los orquestadores resulta ser lo más meritorio. Lo mismo sucede con el sucedáneo del theremin en “Teleplasty”.

Instantes destacados como “Mein Herring” resultan mucho más estimulantes, con divertidos y exagerados coros que reviven las esperanzas en un arranque de ideas que parece no llegar nunca. Los motivos sustituyen a las melodías y donde antes (apuntar aquí el imponente tema “Father´s Funeral” de Beltrami) había emoción, ahora solo se sugieren pinceladas sentimentales; “Father and Son”. Lo mismo sucede en la dulce pero inocua vertiente romántica de “A Link” o “A Dilemma” (de nuevo con coros reforzando una idea ya de por sí sobredimensionada), frente al pasado y emotivo tema para “Liz Sherman”. Las mejores partes harán su aparición en la ilustración del mundo subterráneo con “A Troll Market”, “Market Troubles” (con guitarra eléctrica y una estructurada ornamentación rítmica de aires heroicos) o “The Last Elemental” que se ve arropado por el mejor -casi único- tema lírico. En el tramo final de la banda sonora de “Hellboy II: The Golden Army”, Elfman se rinde ante el descacharrante aturdimiento orquestal con “Doorway” o “In the Army Chamber”, retomando el tema inicial, para cerrar con las recursos habituales (coros, crescendos místicos, desarrollo motívico a modo de compendio, etc…), que a estas alturas saben más a batíburrillo que a “grand finale” como magistralmente hacía en su momento.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.