Aupado a un éxito un tanto desmesurado por la sobre estimada partitura original de “Requiem for a Dream” (2000) y su pegadizo tema central -usado desde entonces en multitud de trailers y como acompañamiento de imágenes impactantes-, el compositor británico Clint Mansell ha sabido labrarse una carrera interesante dentro de la industria audiovisual, haciendo de sus limitaciones como músico auténticas virtudes narrativas. Al imbuirse estilísticamente dentro de la corriente minimalista, su capacidad de adaptación para las imágenes modernas resulta fluida y evidente. Es por ello que su colaboración con el realizador Darren Aronofsky sea la que más popularidad y reconocimiento le haya traído hasta el momento (su mejor obra bien pudiera ser “The Fountain”(2006)), aunque haya entregado trabajos interesantes para otros directores como “Moon” (2009) de Duncan Jones o ahora “High-Rise” (2016) de Ben Wheatley.

Si Mansell no destaca por poseer un sello musical especialmente original, el trabajo cíclico y obsesivo que cultiva suele casar bien con las propuestas cinematográficas en las que se embarca. En este caso la versión fílmica de “El Rascacielos” de J.G. Ballard, un escritor tan brillante y poliédrico como complejo de adaptar al cine, le permite bucear en estilo ajeno, el del Thomas Newman más ecléctico y colorista de finales de los años 90 (“Oscar & Lucinda”, “The Green Mile”, “Meet Joe Black”), para crear un atractivo y elaborado fresco sonoro que ilustra con acierto el alucinógeno relato que la película presenta. La banda sonora de “High-Rise” de Clint Mansell arranca con la pieza “Critical Mass”, una suerte de scherzo para cuerdas con aires fanfárricos y de fuga que otorga una sensación de inmediatez y prestancia (una percusiva versión de este tema aparecerá más adelante en “A Royal Flying School”). “Silent Corridors” ofrece rítmica más pausada y atmosférica bañada de pizzicatos y sonoridad cristalina, mientras que “The World Beyond the High-Rise” aporta una pieza calmada y solemne.

El extrañamiento comienza con “The Vertical City”, donde se sugieren inspirados motivos para viento madera o inquietantes efectos orquestales. “The Circle of Women” y su inmediata continuación en “Built, not for Man, but for Man´s Absence” devienen en los mejores fragmentos del trabajo, oníricos, sugerentes y aportando una melodía sinuosa a partir de la cual se desarrolla una elaborada pieza polifórmica plagada de matices y sugestivas insinuaciones conceptuales. No todo el material presenta este nivel de compromiso (como la más lineal “Danger in the Streets of the Sky”), pero el ambiente entre turbio y pesadillesco de “Cine-Camera Cinema” o la conclusión desoladora -con xilófono, órgano y campanas- de “Blood Garden” con extasiante cierre final de tono regio inglés, hacen de la banda sonora de “High-Rise” de Clint Mansell una creación estimulante y recomendable incluso teniendo en cuenta las referencias apuntadas.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.