La banda sonora de “Jarhead” (2005) de Thomas Newman supone la tercera colaboración conjunta del director Sam Mendes y el compositor tras “American Beauty” (1999) y “Road to Perdition” (2002). Aunque aquí el compositor olvida por completo la vertiente melódica de su catálogo y estira la experimental, poniendo de nuevo todo el peso de su imaginación en su orquestador habitual Thomas Pasatieri, que junto a Bill Bernstein se unen para ofrecernos una banda sonora estimulante y desafiante cuanto a parámetros convencionales de Hollywood, pero poco novedosa y de prácticamente nula aportación a la carrera de su autor. Newman sigue alterando la fibra psicológica e introspectiva del oyente atento, buscando y transmitiendo esa sensación de inmediatez existencial con maestría, aunque lo haga ya sin alardes orquestales o sin especial inspiración en este caso. Se abraza directamente a un sonido atmosférico y ambiental árido, no exento de cierta belleza desoladora, como refleja la pista “Scuds”, probablemente la más interesante de un trabajo decididamente menor, en la línea de obras como “Erin Brockovich” o “Lemony Snicket”.

El trabajo se vertebra en base a dos tipos de cortes, los rítmicos/irónicos y los atmosféricos/ambientales, siendo el mencionado “Scuds” el máximo exponente de estos últimos, aunque no el único, pues otros como “8 men 5 camels” o “Morning glory” ahondan en esa idea en mayor o menor medida. La otra vertiente más abundante es la rítmica, que aparecerá desde el inicio de la composición en el corte que abre el disco “Welcome to the Suck”, que hace las veces de tema central apareciendo de nuevo en “Desert Storm”, donde surgen ya todos los instrumentos electroacústicos imaginables creando bases rítmicas acompañadas de pequeños motivos e ideas sonoras que varían con más o menos gracia, siendo muchos de ellos pasajes que parece que ya los hemos escuchado antes en otra banda sonora del compositor como “Battery Run”, calcado de “Unstrung Heroes” o “Full Chemical Gear” muy similar a “Mad City”. Otros son más afortunados, aportando una divertida mala uva al repertorio de Newman, como el irónico “Unsick Most Ricky-Tick” o el rítmico “Pink Mist”, aunque el mejor de estos acabe siendo “Dickskinner”. También encontramos un breve y liberador momento intimista “Jarhead for Life”, que casi parece haberse colado en el conjunto.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.