Han transcurrido catorce años desde el comienzo de la saga Bourne y nueve desde el último capítulo protagonizado por Matt Damon y dirigido por Paul Greengrass, con el que entonces se cerró con un final abierto pero satisfactorio y conclusivo, la exitosa franquicia ahora resucitada por los intereses habituales de Hollywood en las gallinas de los huevos de oro. Se retoma al personaje con el equipo al completo, obviando el mediocre spin-off con música -a la altura de la mediocridad imperante- de James Newton Howard, lo cual nos trae de vuelta a John Powell al apartado musical a este decepcionante quinto título. Y no viene solo, ya que el músico David Buckley acompaña al compositor titular, aportando una extensión invisible del material temático previo haciendo gala de su propia invisibilidad como músico como así demuestran trabajos tan olvidables como “The Town” (2010) -donde apoya a a Hary Gregson Williams– o “Parker” (2013).

La explicación del evidente descenso de calidad en la aportación del músico titular y su muleta adicional acreditada tienen explicación; Melinda Lerner la esposa de Powell fallecía el 6 de Marzo de este año 2016 tras pasar juntos 29 años. Al poco se anunciaba la participación del músico en el proyecto, quizás como medida terapéutica para mantenerse ocupado, quizás por compromiso hacia un realizador habitual en su carrera (“The Bourne Supremacy”, “United 93”, “The Bourne Ultimatum”, “Green Zone”). Sea como sea la ayuda de Buckley abre las puertas a la especulación sobre las condiciones emocionales del autor inglés a la hora de afrontar el proyecto, más todavía tras escuchar el resultado, francamente decepcionante. La banda sonora de “Jason Bourne” de John Powell y David Buckley es un ejercicio de continuidad estética frío y calculado, sin inspiración o brío alguno a la hora de retomar las señas de identidad musicales de la serie.

Un arranque familiar con el tema central del personaje para madera en “I Remember Everything”, da paso a una sucesión bastante inocua de fragmentos de acción que retoman el motivo cíclico principal de acción sin ningún tipo de variación interesante junto a percusiones, loops, y efectos sintéticos carentes de progresión o intensidad acumulativa destacada en “Motorcycle Chase”, “Berlin”, “Flat Assasult”, Paddington Plaza” o “Strip Chase”, que ponen de manifiesto la ausencia de arrojo en las ideas electrónicas que si poseía el capítulo primigenio, el paroxismo expansivo en la reinterpretación del segundo o la arrolladora polifonía orquestal del tercero. Más desesperantes si caben son los pasajes de suspense, sostenidos y alimentados de elementos electrónicos cíclicos sin potencia alguna como “Converging in Athens”, “Decrypted” o “An interesting proposal”, así como el soporífero cierre de “Let me think about it” con su cuerda final como único elemento a rescatar, que hacen de la banda sonora de “Jason Bourne” de John Powell y David Buckley un trabajo para el olvido que desvirtúa las numerosas aportaciones de la trilogía original.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.