“Julieta” supone la décima colaboración conjunta entre Alberto Iglesias y el director manchego Pedro Almodovar, en cuya filmografía compartida destacan cintas tan notables como “Hable con Ella” (2002), “Volver” (2006) o “La piel que habito” (2011), habiéndose consolidado entre ellos un entendimiento que el cine del realizador nunca llegó a tener de modo tan profundo y sólido con ningún otro músico previo, pese a contar con nombres como Ennio Morricone o Bernardo Bonezzi. Sería en “La Flor de mi Secreto” (1999) donde Almodovar encontrara a su homólogo musical más allá de las canciones de las que tanto dependía (y sigue empleando de forma más dosificada y estratégica) hasta encontrar a un músico de confianza. El cuarto Goya a la mejor composición original por esta creación fue el broche para el inicio a la más longeva e ininterrumpida fusión audiovisual del compositor vasco con un director hasta la fecha. Incluso cuando el manchego ha caminado por la cuerda floja (“Los Abrazos Rotos” (2009) o directamente se ha estrellado (“Los Amantes Pasajeros” (2014), el trabajo de Iglesias ha mantenido impecable la solidez y la solvencia, navegando elegantemente por encima de otras consideraciones artísticas ajenas a la calidad intrínseca de su música.

La banda sonora de “Julieta” de Alberto Iglesias se inicia con una atmósfera apesadumbrada y de tono jazzístico (batería, bajo, trompeta con sordina) en la pista “La Tela Roja”, sembrando la idea de un misterio o puzzle sonoro por desemarañar. Esta se extiende al motivo obsesivo para piano que encontramos en “En el mismo lugar” donde se alterna de nuevo el jazz con la cuerda típica del autor (recordando a “Todo sobre mi madre” (2002) y “Tinker Tailor Soldier Spy” (2011) en ciertos aspectos). El tejido sonoro se vuelve más incidental a partir de la pista “Cortejo Fúnebre en la Nieve” con ecos a Bernard Herrmann, para tornarse algo más liviano en “Rumbo a lo desconocido”, aportando cierta luminosidad en acordes para cuerda durante “Tatuaje” o sugiriendo lejanía y misterio en la extensa “Tempestad” (de un exquisito juego armónico que el mismísimo Howard Shore envidiaría: arpa, flauta, violines, piano). Se produce un salto hacia delante con el rítmico “Silencio”, cuya agitación continúa parcialmente con las pistas “Caminé como un Zombie I” y “Despedida de Antía”, para contrastar (tras la resolución emocional de cuenta de Chavela Vargas con la canción “Si no te vas”) con la melancólica aunque liberadora y animosa pista final “Epílogo”.

El resultado es por lo tanto complejo y elaborado, convirtiendo la banda sonora de “Julieta” de Alberto Iglesias, editada con pulcritud por Quartet Records, en una obra más sugerente que expositiva, más cercana al impresionismo que a la asociación temática, donde la atmósfera y los detalles instrumentales ofrecen las lecturas y el subtexto de la narración. Una creación valiente, densa y evocadora.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.