La banda sonora de “Kong: Skull Island”, de Henry Jackman, propone los lugares comunes esperables de una super producción de acción y fantasía cuyo principal reclamo es el espectáculo. Lejos de buscar dobleces o nuevas lecturas en el relato, este producto a mayor gloria del famoso mono gigante, blande orgulloso el emblema de su superficialidad. Acción a troche y moche es lo que promete y lo único que da. La música a juego no puede sino acometer sus -escasos- esfuerzos en esa dirección unívoca. Presenta misterio ominoso al principio (“South Pacific”), percusión con estruendo después (“The Beach”) y minimalismo motívico con un socorrido tema central de aires heroicos (“Proyect Monarch”) para arrancar la aventura, y a partir de ahí usa todo el listado habitual de recursos bombásticos y parafernalia del mainstream, sin olvidar elementos modernos como la guitarra eléctrica de “Assembling the Team” e “Into the Storm”.

El tema de seis notas que hace las veces de principal se expone con nitidez durante la pista “The Island”. Posee cierta gracia por sus filigranas de contrapunto, pero apenas se aprovecha durante la partitura. Jackman también crea tres socorridas notas asociadas a Kong, pero opta en el grueso de la partitura por el frenetismo orquestal mezclado con tópica electrónica percusiva. De este modo los pasajes atronadores sin gradación o entidad son la constante (“Kong the Destroyer”, “Spider Attack”, o un poco mejor en “Ambushed”, recordando a James Newton Howard pese al exceso de los coros), mientras que lo atmosférico se torna en plúmbeas repeticiones sonoras (“Monsters Exists”, “The Temple”, “Lost”, “The Boneyard”) sin desarrollo alguno. No faltan los apuntes militares de tono melancólico en “Grey Fox”, las percusiones primitivas de “Man vs. Beast”, el crescendo apocalíptico de “Creature from the Deep”, o el trepidante final de “The Battle of Skull Island”, con menos intensidad de la esperable, que hacen de la banda sonora de “Kong: Skull Island”, de Henry Jackman, un producto tan funcional como prescindible.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.