La banda sonora de “La Cordillera”, de Alberto Iglesias, viene a continuar con la visión artística del compositor vasco; tanto como nueva muestra de un trabajo musical expresivo que no pierde entidad en su desarrollo y exposición, como acompañamiento dramático audiovisual más allá de los lugares comunes de la música de cine contemporánea más convencional. Si por algo destaca Iglesias en el panorama internacional de la banda sonora, es precisamente por lo insobornable de su voz compositiva, llena de matices y acentos intransferibles, que lo hacen al tiempo tan particular como atractivo en su amalgama sonora. Su personal estilo aplicado a las imágenes, totalmente definido y maduro a estas alturas, es también maleable y discursivo desde una premisa eminentemente psicológica. Es en este aspecto donde destaca su trabajo para “La Cordillera”, película de Santiago Mitre, protagonizada por el gran Ricardo Darín, con trasfondo político.

Iglesias ha optado por articular la edición de la banda sonora de “La Cordillera” en cuatro extensas suites que proporcionan una experiencia auditiva y conceptual mucho más interesante y compacta que la habitual narrativa lineal cinematográfica. De este modo la primera -y más extensa- pista, “El hombre común”, expone misterio agitado con predominancia del piano, ejecutando florituras en las maderas de firma inconfundible, aportando pinceladas electrónicas que bañan de inmediatez contemporánea la creación. La segunda pieza, “Hipnosis”, se torna más introspectiva y con cierto lirismo reflexivo, de nuevo con el piano como vértice emocional. “La Cumbre”, la tercera suite, propone inicialmente un comentario más sarcástico y juguetón con un tema central con forma de vals, entre liviano, malsano e irónico, para dar paso a un fragmento con cuerda y piano a lo Béla Bartók, que algunos asociarán al Jerry Goldsmith de sus mejores partituras (“Freud”, “Planet of the Apes”, “The Omen”) de lo más inquietante, y que volverá a repetir en el cuarto pasaje, “¿Usted cree en el mal, presidente?”, tras retomar el vals de forma acelerada y convertirse en una agresiva pieza de acción que recuerda a Bernard Herrmann. Una conjunción de elementos de lo más atractivos, resueltos con un equilibrado contrapunto y una brillantez técnica impecable, que hacen de la audición de la banda sonora de “La Cordillera”, de Alberto Iglesias, un auténtico deleite para el aficionado exigente.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.