La gran diferencia

Buscar la diferencia –oposición de ideas o disputa- es la razón que da sentido al arte, algo tan evidente que atañe a todos los que de un modo honesto buscan un lenguaje distinto, una voz diferente. El arte posee innumerables formas de expresar lo mismo que hacen que una determinada obra pueda considerarse original o no. La historia está repleta de ejemplos que así lo atestiguan dando sentido a esa expresión tan manida que solemos utilizar para referirnos a una obra u otra: “sin duda, es diferente”. Mozart, Kawabata, Picasso o Gaudí, por poner unos cuantos ejemplos, son solo algunos de los poetas sobre los que planea esa sofisticada idea de la diferencia que, por mor de la genialidad los ha hecho merecedores de la tan anhelada inmortalidad. Pues bien, en la música cinematográfica patria de los últimos años esa diferencia ha recaído sobre las originales melodías de Alberto Iglesias, un músico diferente que deslumbró al mundo con su obra “Cautiva”, una inspirada composición realizada para el coreógrafo español Nacho Duato y la Compañía Nacional de Danza. Esa diferencia musical que Alberto ha desarrollado de un modo natural durante décadas ha pasado a otras manos, menos conocidas, pero no por ello menos originales. Ahora son las extremidades del compositor Manel Gil-Inglada las que sostienen el peso de esa diferencia, responsabilidad que el músico asume con una increíble madurez. Obras tan interesantes como “Cher Amí”, su partitura más ambiciosa, o “EVO”, su último gran proyecto, o “La Muerte Dormida”, su obra más personal, son algunos ejemplos de la original propuesta del catalán que acentúa la diferencia de la que antes hablaba. Estamos ante un músico distinto que juega con la inteligencia y la emoción del espectador –”La Muerte Dormida” es la máxima expresión de esta idea-, ingredientes necesarios para que esa diferencia tenga razón de ser en un mundo –el audiovisual- dominado por la mediocridad. Manel y otros muchos poetas –la renovación/revolución está en marcha-, entre los que se encuentran músicos tan interesantes y diferentes como Vaillo, Timón Barceló o Valenti, son ahora los encargados de reinterpretar este nuevo lenguaje proclamando a la faz de los vientos la máxima que reza: “Sin diferencia no hay inmortalidad”.

La Muerte Dormida

Esta sencilla fábula narra la historia de Irene, una niña de 6 años que quiere ir a ver a su madre enferma, pero Silvia, su hermana mayor, tiene órdenes de que no deben ir al hospital pase lo que pase. Irene cree tener el remedio para curarla, algo que la pequeña ha leído en un cuento infantil. En palabras del propio Casademunt, “Hemos creado un corto para emocionar a la gente, sobre un mundo de ilusiones y miedos que todos hemos vivido en algún momento de nuestra niñez […] La inocencia de la fe frente al sentido de la razón. ¿Dónde se impone la lógica?” A esta pregunta da respuesta la música de Manel Gil-Inglada, partitura que deambula con emoción entre lo onírico –fe- y lo real –razón-, jugando con la percepción del espectador que va descubriendo a través de sus melodías la senda por la que transitar. Manel expone los argumentos necesarios para entender esta emocionante fábula creada por Casademunt que explora un mundo lleno de inocencia.

La Magia

Si hay una palabra para definir el sensacional trabajo de Manel Gil-Inglada, esa es, sin lugar a dudas, magia. La Muerte Dormida es un inquietante y místico juego de contrarios que va describiendo la realidad de la protagonista. La música desde su inicio, con el piano, el coro y el violín como protagonistas –”La Muerte Dormida”-, muestra ese sentimiento agridulce que acompaña a Irene en su gran aventura. Se trata de una melodía que a modo de vals, triste y en ocasiones misterioso –soberbia la versión para violín solista-, va tejiendo las emociones que la historia despierta. ¿Realidad o ficción?, pregunta a la que Manel da una doble respuesta utilizando los coros, el arpa y la voz solista –Y Blancanieves se despertó/El hada- para describir la mágica inocencia que habita en los cuentos de hadas, y el chelo, prolongación musical del ser humano –La magia no existe/No te mueras mamá-, para dibujar la realidad que muestra el oscuro mundo de los adultos. En este complejo juego de contrarios –”La Muerte Dormida” como leitmotiv principal- es donde la música de Manel redescubre un mundo que lucha por no perder la inocencia que se esconde tras la mirada de la protagonista. Observando la leyenda que aparece en el cartel promocional del corto, ¿Crees en los cuentos de Hadas?, es fácil intuir esa lucha que Manel explica con maestría a través de sus melodías.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.