El poeta

Leontina… la musa del poeta, creador incansable que entre versos de salitre y rimas de olas yermas, compones, estrofa a estrofa, un espacio donde se ahogan los sentimientos. Poeta que encarnas el verbo de Alberti y la letra de Pessoa… poeta que entre violines y chelos te preguntas:

¿Cómo suenan los recuerdos? ¿Qué tonalidad tienen las miradas?

Poeta… ¿Quién eres?, pregunta la musa mientras otea el horizonte.

Solo soy un músico, un poeta -del griego ποίησις, acción, creación-, desnudo y hambriento que busca entre crestas y secretos la manera de contar tu historia, tan solo eso…

Esta es la vida de Leontina contada por su propio nieto, un relato que nos descubre a una mujer excepcional que durante 50 años ha guardado un secreto que ahora la conduce de nuevo a su pasado, a la escarpada y mortecina costa del sur de Chile donde el amor y la esperanza acabaron por ahogar su aliento, y es que no hay 50 años o 50.000 km que no logren borrar la terca huella del tiempo. Narrado a modo de documental, “Leontina”, la musa de carne y hueso, utiliza los versos de Jorge Aliaga, el poeta del sentimiento, para trazar la línea que une el pasado con el presente, tan delgada, tan frágil, que solo su delicada rima la hace creíble. Jorge desnuda la historia de Leontina que acontece entre miradas y recuerdos, elementos que el músico utiliza para tejer la senda por la que transita la protagonista. Esta no es una historia de sueños –”No quiero hablar de los sueños/no va quedando tiempo para eso” (Leontina)-, ni de esperanza; esta es una historia de amor, tan desgarradora como bella, una historia que el poeta compone a través del único vehículo que solo a ellos les pertenece, la emoción. Un verso para el violín, otro para el chelo y un tercero, ahogado en la memoria, para la guitarra… estrofa de consonante recuerdo –dibujado en su tema principal, Leontina- que acompaña a la musa en su regreso a las profundidades del alma. Esta es la historia del poeta que entre melodías se pregunta:

¿Cómo suenan los recuerdos? ¿Qué tonalidad tienen las miradas?

El poema

Componer un poema tiene algo mágico, un halo musical que viaja de verso a verso, de estrofa a estrofa creando un espacio eterno entre el poeta y su musa. Tres son los versos de este poema: uno para el violín (“Leontina”), desgarro de ese espacio infinito, insondable que la une con sus recuerdos; otro para el chelo (“Time without Time”), que ensimismado busca entre las sombras del tiempo, entre dolorosos recuerdos, la verdadera historia de Leontina –donde nunca me imaginé sola (Leontina)-; y un tercero para el amor, para la imagen de su amado, verso que la guitarra y el oboe cantan sobre el recuerdo del pescador. Esta es la alianza con el pasado, de abuelos y padres guitarristas, que Jorge utiliza para inmortalizar el sonido de sus recuerdos más íntimos (“Shipwreck of Love”). Tres versos que el músico compone con delicadeza para no herir la sensibilidad de la protagonista, tres versos en los que el violín y el chelo dialogan sobre la soledad y los secretos. Leontina guarda, sobre la resaca lúgubre de la mar, su secreto, una pequeña boya de color rojo que el dios Neptuno le regaló tras el naufragio de Nani, su amado, un profundo recuerdo que la ha mantenido anclada a la tierra hasta este momento, instante en el que solo queda una cosa por hacer, devolverle al pasado lo que es suyo y Seguir hacia delante. Como muy bien dice el último verso de Jorge: “Living until the end…”

“Leontina” es un poema lleno de ternura, de delicadeza, un lugar donde las rimas juguetean con la emoción y la verdad, tendones que un poeta del sentimiento como Jorge sabe tejer entre la soledad de los recuerdos. Esta es la historia de un poeta y su musa que ataviados con solo unos versos decidieron desnudar sus almas… Poeta que encarnas el verbo de Alberti y la letra de Pessoa… poeta que entre violines y chelos te preguntas:

¿Cómo suenan los recuerdos? ¿Qué tonalidad tienen las miradas?

Leontina…

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.