La banda sonora de “Live by Night”, de Harry Gregson-Williams, viene a continuar la leal e insípida -musicalmente hablando- colaboración entre el compositor británico y Ben Affleck en su faceta de director, para el que ha compuesto previamente las bandas sonoras de “Gone Baby Gone” (2007) y “The Town” (2010). Con su nuevo trabajo conjunto ahondan en los parámetros estéticos de ambas cintas comunes: asepsia emocional, dinamismo descriptivo superficial y escasa entromisión narrativa, con un acompañamiento sonoro desprovisto de cualquier complejidad o intención no evidente.

De este modo el grueso de la banda sonora se nutre de pasajes atmosféricos construidos sobre rítmica electrónica y soporte de cuerdas (“Joe Coughlin”, “Aftermath”, “Beatings, Bombings and Murders”), funcionales, predecibles y percusivos momentos de acción cíclica con aires a Hans Zimmer (“The Getaway”) y un sinfín de referencias a Thomas Newman (con énfasis -evidentemente- en la banda sonora de “Road to Perdition”) en pasajes con teclados sostenidos, cuerda lánguida, pizzicatos y maderas desdibujadas (“Ybor City”, “The Distillery”, “Loretta Figgis”, “One Final Stand”, “This is Heaven”).

El músico intenta aportar pinceladas aquí y allá para otorgar algo de colorido al conjunto, sin lograr convencer con ninguna de sus ideas, como el cliché de la voz solista femenina en “Graciela”, el saxo lejano y desdibujado de “End of Prohibition”, las disonancias acústicas de “How Cheap is Your Virtue?” o el violín eléctrico de “I´m Free Joseph”, Apenas destaca un solo momento dentro de la obra que pueda considerarse con cierto peso específico, la hermosa -y breve- pista “One Day”, con un lírico punteo para guitarra. El resto es humo, y es por ello que la banda sonora de “Live by Night”, de Harry Gregson-Williams, resulte por lo tanto un inane ejercicio de vacuidad musical.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.