La carrera profesional del productor, músico y compositor para todo un poco Trevor Morris, no ha pasado de lo anecdótico si nos atenemos a la calidad musical de sus propuestas, acostumbrado a navegar por aguas sonoras prudentes y predecibles de escaso calado y menor riesgo. Es un autor de segunda fila poco notorio que igual sirve para un roto que para un descosido. Sigue los postulados de su maestro Hans Zimmer a la hora de aproximarse conceptualmente a las imágenes para las que crea sus sucedáneos musicales con más o menos éxito, incidiendo siempre en la pulsión rítmica y electrónica como motor narrativo, así como aportando pequeños apuntes melódicos a modo de motivos fácilmente ubicables y retentivos. Ideas simples de simple aplicación, amplificadas por una producción de gran empaque que solo atiende a las reglas básicas del espectáculo audiovisual moderno: potenciar la acción, engrandecer la emoción y contener el drama.

En este sentido Morris ya cumplió al pie de la letra con la primera parte de esta nueva franquicia en “Olympus Has Fallen” (2013), de la que retoma su lírico motivo principal (que recuerda al tema central de “A Beautiful Mind” (2001) de James Horner con algo del “Deep Blue Sea” (1999) de Trevor Rabin; curiosamente en el trailer de la primera cinta se usó música de la segunda) en las pistas “Motorcade/Marine One Lands”, “I Hate Funerals” y con algo más de desarrollo en “End Titles/Credits”. La banda sonora de “London Has Fallen” de Trevor Morris arranca con un pasaje étnico y percusivo, sencillo y localista de sonoridad africana, seguido del suspense electrónico atmosférico e insustancial de “Spotting Barkawi” y “Scotland Yard”, la rítmica para guitarra y sintetizadores de “Nursery” o “Bourbon and Poor Choices” que anuncia el tema presidencial, que aparece con forma fanfárrica en “The President Arrives in the U.K.”. Todos ellos agradecidamente breves.

Por desgracia el grueso del trabajo incide en la música genérica de acción desenfrenada, que se expone en las pistas “London Attacked”, “Marine One Crash”, “Don´t Jinx Me” o “Right Under Our Noses”, hasta alcanzar la extensa “Rescuing Asher” (de doce minutos y medio interminables) sin solución de continuidad o gradación de su intensidad. Se alternan con calmados pasajes reflexivos para teclados y cuerda procesada que sugieren -con escasa originalidad o sentimiento- el lamento como “Jacob´s Death” o “I´m Not Going to Die”, así como indistinguibles pistas de suspense, tan convencionales como plomizas (“Not Much A Talker”, “Traitor”). De este modo la banda sonora de “London Has Fallen” de Trevor Morris ofrece exactamente lo que los productores le han pedido y por lo que le pagan: replicar todas las fórmulas previas del género sin salirse de la plantilla. Misión cumplida.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.