La banda sonora de “Looking for Richard” (1996), de Howard Shore, supone un ejercicio de fusión e introspección, un viaje a través de la música antigua hasta nuestros días. Los medios: una orquesta con predominio del metal, la cuerda y la percusión, un excelente grupo de voces (perfectamente empastadas y grabadas), y un sutil y predominante órgano que insinúa colores místicos o religiosos. De su escucha se deduce un profundo estudio de la estética coral religiosa de la Edad Media y el Renacimiento por la exquisita construcción de los corales y sus sucesiones armónicas, y un fuerte trabajo de fusión de conceptos modernos, no tan explícito como en otros trabajos, pero presente siempre para dar ese tono épico y oscuro tan atractivo, que es más fruto de las obsesiones históricas de nuestros días que de lo que nos dejó la propia historia.

Destacar alguna pista resulta algo difícil, teniendo en cuenta que se trata más de un trabajo de conjunto que de partes individuales. Quizá destaquen las pistas más oscuras, potentes y percusivas, como “Ghosts” “Henry, Earl of Richmond”, y momentos de gran belleza e intimismo como los de “Lady Anne Neville”. Resulta a este punto inevitable la comparación con “El Señor de los Anillos” (2001-2004), y es que sin duda “Looking for Richard” (1996) supone una de las piedras angulares en los conceptos de la que se considera su mejor obra. Este sutil ejercicio de fusión de estéticas, junto con conceptos contemporáneos más arriesgados, han dado sin duda forma y fondo a la exquisita banda sonora de la famosa trilogía. En cualquier caso se demuestra con la banda sonora de “Looking for Richard” de Howard Shore, su concepto artístico, su genio para provocar diálogo interior y emociones, incluso en sus registros más épicos, sin depender de la exclusividad de un barato virtuosismo orquestal, sino a través de construcciones y tejidos de pequeños elementos y conceptos, potentes en su definición, profundidad y significado.

Reseña de Manuel Ruíz del Corral.