Michael Giacchino acierta rotundamente en el empeño de utilizar masivamente las cuerdas a la hora de construir la mayoría de los temas de la banda sonora de “Lost”, aplicando un tono más intimista, más propio de la música de cámara, reduciendo la plantilla instrumental y dotando así al conjunto de una gran unidad estructural al recurrir básicamente a dos de sus mayores virtudes: su mayor alcance dinámico y su versatilidad. Los instrumentos de cuerda son los únicos capaces de reproducir cualquier cariz dentro del espectro emocional: desde el sentimiento más bello hasta la sensación más terrorífica. El compositor maneja, para componer la sintaxis musical, elementos melódicos adscritos a los aspectos descriptivos y emocionales de los personajes, y efectos antifonales -con una base percusiva importante- para acompañar a los componentes externos de la narración, creando una disparidad muy acorde con la propia naturaleza de la historia narrada.

De esta manera, Giacchino recurre a la melodía, que puede relacionarse más íntimamente con la racionalidad y la emotividad, para desarrollar patrones a medida que sean fácilmente reconocibles e identificables por el oyente con los principales protagonistas creando un efecto de familiaridad (como ejemplo de esto tenemos temas tan sobresalientes como “Locke´s Out Again”, “Life and Death”, “Kate´s Motel”, un homenaje palmario a la banda sonora de “Psycho” de Bernard Herrmann, y especialmente el emotivo y melancólico por momentos “Parting Words”) o de atonalidad como método descriptivo de los elementos y situaciones de corte más fantástico e irracional (“Run Like, Um… Hell?”, “Charlie Hangs Around”, “Monsters are such Interesting People”).

La propia naturaleza de varios de los fragmentos de la banda sonora de “Lost”, de Michael Giacchino, sufre un ineludible efecto colateral propio de la edición discográfica que resulta ajeno a su propósito fundacional. Ahí donde, ajustadas a las imágenes a las que íntimamente van ligados, dichas piezas resultan perturbadoramente incisivas y lacerantes en su propósito, en su escucha aislada las sensaciones varían sustancialmente convirtiéndose en ocasiones en vacuas y repetitivas reiteraciones musicales. Un defecto subsanable siempre y cuando tengamos un recuerdo vívido de las secuencias correspondientes, y que, en definitiva, empaña mínimamente el disfrute que acompaña a la audición de uno de los mejores trabajos musicales realizados para la pequeña pantalla.

Reseña de David Rubiales Suarez.