Ganadora del Goya a la mejor partitura original en 2001, la banda sonora de “Lucía y el Sexo” de Alberto Iglesias supuso la confirmación internacional del músico gracias al éxito de la película fuera de nuestras fronteras, al que pronto comenzaron a llamarle para trabajos como “Pasos de Baile” (2002) de John Malkovich, “Comandante” (2003) de Oliver Stone o “The Constant Gardener” de Fernando Meirelles (2005) que le supondría su primera nominación a los Oscar. El éxito de Lucía le reportó su quinto Goya a Iglesias y ratificaba el talento melódico y envolvente del músico vasco, capaz de construir todo el armazón emocional, onírico e introspectivo de los relatos de Julio Medem, aportando tanto el subtexto dramático de los sentimientos que atan a los personajes, como la complejidad de lo sugerido metafóricamente. Si bien la excelencia musical en estas labores ya la habían alcanzado con “Tierra” (1995) y bordado de modo excelso con “Los Amantes del Círculo Polar” (1998), ahora se añade un elemento no extraño dentro del catálogo del compositor, pero si definitorio de la idiosincrasia (y éxito en su maridaje audiovisual) de la banda sonora de “Lucía y el Sexo”: los sintetizadores.

El arranque atmosférico y relajante de “Bajo la isla” supone la mejor muestra del elemento electrónico, con una pieza para teclados sostenidos que evoca el silencio del fondo del mar y se empareja con las construcciones sintéticas de David Julyan o Cliff Martinez. Continuación de esta idea inicial la podemos encontrar en posteriores pistas como “Me encantaría ir a una isla” o “El deseo de la sangre”. Destaca a caballo entre la música instrumental y la electrónica el único pasaje puramente incidental “No se donde me voy, muy lejos”, de rítmicas y agitadas figuras sincopadas al piano. El material temático arranca con “El Faro: cuanto llevo de ventaja”, una hermosa melodía para piano de aire melancólico y romántico (podría quedar asociado al amor), que se desarrollará con plenitud y doliente hermosura en la pista final “Encuentro”. El segunda tema por contraste es un colorista vals que aparece en “Me voy a morir de tanto amor” para madera y cuerda (que podríamos unir al sexo), que se deconstruye y surge con variaciones vivarachas o lastimosas en “Fotos” o “Lucía”. El juego con estas tres ideas en cortes como “Ya no te oye” o “Y la luna se llama”, cargados de sutilezas, segundas lecturas, así como una acertada y comedida orquestación cuyo significado musical queda asociado indivisiblemente a las imágenes para las que se creó, hacen de la banda sonora de “Lucía y el Sexo” de Alberto Iglesias una maravilla de la música de cine española contemporánea.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.