Las combinaciones son limitadas y el resultado sonoro de ellas dice mucho de la alteración de sus factores; película buena con música buena, película buena con música mala, película mala con música mala. La banda sonora de “Mad Max: Fury Road” de Junkie XL (que ahora intenta quitarse de encima el apodo de DJ figurando con su nombre en los créditos de este trabajo y sobreentendemos que en los que han de venir: Tom Holkenborg) cae por derecho propio en la categoría intermedia. No es que como música la propuesta de Holkenborg pueda tacharse de inadecuada o anacrónica a la cinta a la que acompaña, pues se trata de más bien lo contrario, logrando incluso por momentos alcanzar la épica electrosinfónica demandada por los tiempos modernos que el músico ya cultivase con similares resultados en “Divergent” o “300: Rise of an Empire” en pasajes hiperbólicos como “Storm is Coming” o “Brothers in Arms”, es que una película como “Mad Max: Fury Road” merecía una música a la altura de su propuesta, que no es el presente, sino un futuro distópico primitivista y alucinado, llevado a un paroxismo estético al borde del colapso nervioso y la genialidad. Con estas posibilidades en el horizonte el músico finalmente encargado de la banda sonora de “Mad Max: Fury Road” se contenta con repetir el material de cultivo que ya le sirvió para ilustrar con anterioridad a espartanos o a facciones futuristas variadas. Huelga decir que la atrevida y arrojadiza música que Brian May aportó a los dos primeros capítulos de la saga de George Miller hace más de tres décadas, resulta en el fondo mucho más moderna y arriesgada. Incluso la creación de Maurice Jarre para el tercer capítulo conjugaba con superior habilidad los contrastes estéticos de su época y de la cinta en cuestión. Holkenborg es el coche musical rezagado a todas luces dentro del universo de Max.

Ante el nuevo derroche visual y narrativo de Miller, las ideas de Holkenborg, pese a su aparatosidad grandilocuente, no sorprenden más que superficialmente por la contundencia de su producción sonora. Ni siquiera las pinceladas esquizoides para cuerdas wagnerianas de “Inmortan´s Citadel” o las letanías contemplativas de “Redemption”, consiguen hacer aflorar en un conjunto atronador y cacofónico una sensación de coherencia o estructura formal alguna. Con una premisa tan sencilla como efectiva que se basa en la linealidad de una persecución in crescendo, el DJ no alcanza a deslizar gradación alguna en la intensidad de su diálogo o la evolución del drama, quedando a merced de la espectacularidad individual de cada escena a la hora de intentar alcanzar su épica por separado. En el mejor de los casos se podría decir que no entorpece el tremendo dinamismo de la cinta, que consigue echarle a un lado de la carretera narrativa para que no moleste demasiado. En el peor, resulta sencillamente un relleno inocuo. Por otro lado y dado el virtuosismo en el trabajo de diseño sonoro que ha alcanzado la producción de altos vuelos hoy día, la conjugación de los efectos de sonido con la partitura original se imbrican y mimetizan tanto por momentos que incluso con sus considerables limitaciones intrínsecas, la banda sonora de “Mad Max: Fury Road” de Junkie XL supone un epatante ejemplo del alcance sensorial de la música de cine contemporánea con ínfulas de moderna.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.