Buena prueba de la cara y la cruz de Danny Elfman queda reflejada en su trabajo para la banda sonora de “Mission: Impossible” (1996), donde exhibe positivamente, en cortes como “Red Handed” o “The Disc”, un gran sentido del tempo narrativo y de la atmósfera al emplear rítmicamente la dinámica propia de una marcha militar junto a unos angulosos metales y una sección de cuerdas que refuerza el suspense; y negativamente un desmesurado subrayado de la tensión propia de la escena al hacer uso de una especie de scherzo para cuco y carillón que desactiva automáticamente cualquier esfuerzo realizado con anterioridad por dotar de verosimilitud a la construcción musical. Ya sea por la tardía sustitución de Alan Silvestri a cargo de la banda sonora, o por el encorsetamiento impuesto hacia el compositor por parte del director Brian De Palma, da la sensación que los esfuerzos de Danny Elfman por dotar de cierta entidad a su desestructurado, y temáticamente hablando poco variado, ejercicio musical se focalizaron principalmente en las tres escenas más importantes de la película, que curiosamente abren los respectivos actos, y de manera más brillante en el dramático nudo de acción, denominado técnicamente como anagnórisis.

El corte “Betrayal” es con mucho el mejor tema de la obra que nos ocupa. Una poderosa y sobresaliente pieza de exacerbado lirismo, que va de menos a más, y en la que el compositor emplea con astucia la evocadora esencia de las cuerdas, y de los elementos vocales, para reforzar el revelador flashback que vertebra la escena. De menor valía, pero no exentos de cierto interés, podemos encontrar cortes como “Ménais à Trois” y “Zoom B” que, en cierta manera, ayudan a sobrellevar el tedio general que domina toda la partitura y son más identificables, y familiares, a la figura musical que representa Danny Elfman. En el segundo de ellos resulta especialmente llamativo la utilización de la distintiva composición en 5/4 compuesta por Lalo Scrifrin para la serie de televisión y su perfecta integración con los diversos elementos elfmanianos que culminan la pieza. Enlazando con esto, la adaptación realizada por Elfman del clásico tema de Schifrin resulta ser la más satisfactoria, y la que más fielmente hace evolucionar el concepto original, de las versiones realizadas hasta la fecha para la gran pantalla. Lejos del paroxismo instrumental de la propuesta de Giacchino, de los escarceos rockeros de Zimmer y la sobriedad conceptual de Kraemer, Elfman sabe conservar la esencia juguetona del funky y de la dinámica jazzística que posee el tema original.

Reseña de David Rubiales Suárez.