La capacidad de invención y para sorprender que Danny Elfman ofrecía en cada nuevo trabajo suyo a finales de los años ochenta y principios de los noventa (recordemos maravillas como “Scrooged”, “Beetlejuice”, “Batman”, “Nightbreed” o “Darkman”) resultaba tan arrolladora e imaginativa que pronto se le saludó como uno de los más fulminantes enfant terribles de la disciplina. Tocado por la gracia a partes iguales de Rota y Herrmann, sus ricas y frenéticas propuestas arropadas por primorosos ejercicios de orquestación de manos amigas (Shirley Walker, Steve Bartek, etc…) pronto fueron demandadas por todo aquel que quisiera una voz única y reconocible dentro de sus películas. Y a la misma velocidad Elfman se adaptó a cualquier género, ofreciendo maravillosos trabajos dramáticos como “Sommersby” o “Black Beauty” y no solo las alocadas comedias de sus inicios o la acción y fantasía habitual de su catálogo.

Al alcanzar demasiado pronto la cima de su carrera con “Nightmare Before Christmas”, el músico pareció comenzar su progresivo descenso cualitativo, que no cuantitativo de aportación a multitud de títulos hechos a su medida, a finales de los noventa. Pero un título destacado como pivotal dentro de lo que parecía una carrera de capa caída, “Big Fish” de nuevo para su director fetiche Tim Burton, lo recuperó de modo casi permanente para el aficionado, eso sí ya no a la misma altura, pero manteniendo el tipo desde entonces con inevitables altibajos. Este trabajo marca melódicamente a fuego multitud de obras posteriores del músico. Y la banda sonora de “Mr. Peabody & Sherman” es una de ellas.

Esta desapercibida cinta de animación, género en el que acertadamente Elfman ha conseguido un hueco que le permite expresividad, juego polifónico y un desarrollo temático mínimo en el que anclar la construcción de su música, le presenta los mejores escenarios posibles para crear una partitura que si bien no es nada novedosa y recuerda a bastantes títulos propios recientes de similar calado como “Meet the Robinsons”, “Frankenweenie” o “Epic”, consigue convencer por su sencilla y clásica aproximación a los clichés del mickey-mousing pero sin perder la esencia estética de su discurso. El tema central suena bastante deudor del dedicado a “Frankenweenie”, pero como arriba comentamos aquel ya procedía de “Big Fish”, por lo que todo queda en casa.

Vivacidad orquestal, pinceladas melódicas, acertado uso motívico, colorido de orquestación -coros incluidos- y brillantez plástica de ejecución son sus armas. Convencionales y habituales, si, pero pertinentes y exitosas en este caso. La banda sonora de “Mr Peabody & Sherman” de Danny Elfman es un más que correcto ejemplo de la capacidad del músico para aguantar con más dignidad que muchos compañeros de generación el inevitable paso del tiempo.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.