La banda sonora de “Mr. Turner” de Gary Yershon es uno de esos ocasionales y maravillosos accidentes dentro de la industria del espectáculo en los que la calidad sonora de la obra resaltada se ve reconocida por sus valores artísticos intrínsecos y no por el nombre de su autor, el éxito de la película a la que acompaña o la campaña de promoción de su productora. Ser un músico desconocido y recibir la atención de la Academia de Hollywood con la nominación a la mejor banda sonora del año en estos términos, es un mérito al alcance de muy pocos y un caso particularmente curioso en los tiempos que corren para la disciplina audiovisual que nos ocupa.

La música en el cine de Mike Leigh, concisa, escueta, poco intrusiva y netamente psicológica, suele pasar desapercibida y el caso de “Mr. Turner” bien pudiera acusar esta tendencia si la atendemos de modo superficial. Pero si se analiza su portentoso efecto en las imágenes a las que pertenece así como el desarrollo conceptual de su ideario, cualquier aficionado atento e inquieto quedará asombrado por el derroche de talento, contención, elegancia e inteligencia vertidos en esta portentosa creación. Su tema central supone un ejemplo de sutileza comedida, con una orquestación exquisita que se extiende al resto de la partitura (quinteto de cuerta, cuarteto de saxofón, timbal y órgano muy puntuales) y una expresividad etérea que sugiere pulsión y conflicto, pero también lánguida melancolía. Se trata de una melodía poco asible y acomodaticia, pero subliminalmente hermosa que se transforma con su uso y variaciones en todo aquello que el músico desea plasmar.

Los ilimitados recursos de Yershon para sugerir matices y sensaciones, como la aprehensión de la belleza, el agitado frenetismo y agonía de la creación o la decadencia moral en paralelo a la grandeza artística del personaje central, hacen de la banda sonora de “Mr. Turner” un feliz caso de autoría musical tan moderna y personal en su concepción y desarrollo (concomitante a las ideas de Jonny Greenwood) como exitosa en su resultado. Es de recibo aplaudir a la Academia por ocasionales arrebatos de buen gusto como este.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.