Tras la visita papal en 2010 para oficiar misa por primera vez y consagrar la “Sagrada Familia” como basílica, esta insólita y original obra arquitectónica de Antoni Gaudí ha abandonado la condición de provisionalidad (fundamentada en su lenta construcción a lo largo de todo el siglo pasado) para pasar a ser considerada ya un templo donde oficiar ceremonias religiosas de un modo regular o, al menos, oficial, pese a no estar todavía finalizado del todo. Así, bautizado como un “concierto minimalista para piano y orquesta de cuerdas”, la obra de Cases se estructura en siete fragmentos musicales dedicados a los diversos emplazamientos del templo, aunque también haya espacio para los orígenes “temáticos” de la misma (como ejemplifica “Gaudi’s Mistic”). De hecho, el disco se comercializa bajo el anuncio de ser la música de la audio-guía para el recorrido que el visitante realiza en la visita turística al recinto, constituyéndose de esta manera en la banda sonora que acompaña sus impresiones y emociones. Por lo tanto, no hay duda de la idea conceptual que guía la obra, explicitada en la misma nomenclatura del trabajo, pues la estructura minimalista del mismo se evidencia ya en la obertura dedicada al templo (“The Temple”), una evocación al esplendor creativo sustentada sobre un repetitivo scherzo de cuerdas creado para acompañar la impresión primera del recién llegado al contemplar las imponentes fachadas de la catedral. La mesurada percusión puntúa el crescendo que el motivo central va alcanzando, al que se le une el también ponderado tañido de las campanas. Una vez superado por el visitante este primer impacto visual, el recorrido iniciático se transmuta en la minuciosa observación de los detalles de la construcción, para lo que Cases compone un fragmento musical con el piano de protagonista, al que seguirá el acompañamiento de la indispensable cuerda, que ofrece el sereno reposo (“Contemplation”), indispensable para la necesaria reflexión. Ejecutada por un Ensemble conformado por el propio Cases, con la cuerda y el piano de protagonistas, el “minimalismo mediterráneo” característico del compositor (de ribetes “luminosos”, alegres y vitalistas, perceptibles aún cuando el tono adoptado sea el de la más profunda gravedad) va tomando forma y se acopla como un guante a los intereses fundacionales del disco así como, en una superación de las barreras temporales, al mismo estilo modernista que esencialmente está en la base de las ideas artísticas del visionario y excepcional arquitecto catalán. El resultado es un maridaje de estilos que suscita la empatía musical gracias a la emocionante combinación de la partitura con la contemplación/evocación de esta gloria arquitectónica.

Dicha evocación prosigue con la siguiente pista musical, “Cantics”, concebida con la participación de un coro a capella al objeto de ofrecer el recogimiento musical idóneo para la entrada al interior del recinto, seguido de inmediato por un nuevo y casi violento scherzo de la cuerda que se apoya sobre los pizzicatos, devolviendo mediante la ayuda de unos mínimos elementos percusivos, la tonalidad dinámica que transversalmente recorre la partitura. El piano vuelve a hacer acto de presencia en “Els Vitralls”, donde los elaborados colores de las vidrieras debidas al artista Jaime Vila-Matas son los protagonistas del motivo, dando paso a un réquiem de la cuerda que se ofrece como perspectiva musical de los efectos reflectantes derivados de la combinación de la distinta posición del sol sobre el interior del crucero. Ciertas sonoridades atípicas remiten a la liviandad del material referencial del fragmento, mientras que las disonancias finales del piano abocan a la subjetiva interpretación sensorial tanto del visitante como del melómano. Con los dos siguientes fragmentos se accede a un nivel distinto de interpretación emocional, más allá de los aspectos descriptivos, pues tanto “Resurrection”, donde el piano y la cuerda dejan paso a un bello solo de violonchelo al que siguen sucesivos scherzos ataviados por aquel, a los que se les une la trompeta en emotiva festividad del tema inspirador, como “Gaudi’s Mistic”, donde una mínima pero dinámica cuerda acompaña el inicial solo de piano hasta que un juego de pizzicatos puntúa la posterior tonalidad mucho más evocadora del solista instrumento de percusión, ofrecen las sugerencias musicales de un simbolismo que pretende ayudar a profundizar en la capacidad de interrelación entre la obra artística y el expectante visitante.

Finalmente, Cases, dado el casi indisociable estado de construcción permanente del edificio, dedica un scherzo más de la cuerda, acompañada en esta ocasión por las notas graves del piano, al titánico esfuerzo de la construcción del mismo (“In Construction”), confiriéndole un aire morriconiano que nos retrotrae, más que al recuerdo de algún fragmento musical del compositor romano, que también (por ejemplo, a “The Untouchables”, a pesar de la distancia temática), a cierta semejanza de estilos fundamentada en la mediterraneidad primigenia de ambos músicos. A ello no es ajeno el fragmento final que cierra el disco (“Cellos Oratorio”), que de modo reposado esboza un ritmo paulatino que desemboca en el característico sonido vitalista que protagoniza esta y toda aquella obra en la que se ha visto inmerso el compositor. Un disco, en definitiva, estimable, que ofrece una perspectiva personal y próxima del universal monumento que es “La Sagrada Familia”, puesto que otra de las pocas obras existentes con el mismo referente temático se debía a Toru Takemitsu, quien se encargara a principios de los setenta de la partitura del documental de Teshigara sobre la catedral, con un estilo musical (mayormente decantado hacia el atonalismo dodecafónico) por completo alejado del empleado por Cases. Ello no obvia que haya de ser definitivo, pero sus propósitos, presentes en la internacionalización del aspecto comercial del disco, con la rotulación en inglés (si exceptuamos un par de temas extrañamente titulados en catalán, como “Els Vitralls” y “Cantics”, probablemente debido a alguna errata), no dejan lugar a dudas acerca de los mismos.

Reseña de Frederic Torres.