Resulta más esclarecedor que cualquier otra prueba, el comprobar cuales son los nombres de confianza con los que los músicos de la pasada generación se codean a la hora de abordar productos audiovisuales personales o ligeramente desviados de las encorsetadas líneas maestras del mainstream americano contemporáneo. El realizador de la cinta que nos ocupa, Dan Gilroy es el hermano de Tony Gilroy, artífice de la escritura de la saga Bourne y realizador de su cuarto capítulo, externo a la trilogía Damon, que contó con música de James Newton Howard. A su vez, Tony Gilroy ya había encargado al músico las bandas sonoras de sus películas previas “Michael Clayton” y “Duplicity”. Todo queda en familia.

Para este atractivo y conseguido thriller urbano, el compositor retoma algo de sus orígenes perdidos en la electrónica de principios de los noventa con títulos como “Flatliners”, “The Saint of Fort Washington”, “Falling Down” o “Grand Canyon”, e incluso sus aportaciones televisivas para “E.R” como referentes. La banda sonora de “Nightcrawler” de James Newton Howard supone una refrescante, por inusual y diferente a lo habitual, muestra de la capacidad latente del músico americano para crear trabajos imbricados y comprometidos con los relatos y cintas que le motivan, así como el margen de movimiento que los nombres de confianza le permiten para ello. La electrónica sintética de ecos noventeros y la mezcla rockera, más cercana a los ritmos percusivos (incluyendo impactantes momentos afro-cubanos) primigenios mencionados de Newton Howard que a las modas imperantes, se conjugan con la habitual pericia orquestal e incidental del compositor para cuerda cíclica e intensos crescendos. Pero es en su esteticista orquestación demodé donde mejor se refleja la personalidad ambigua de su fascinante personaje central y queda reflejada la ciudad que arropa sus peligrosas andanzas nocturnas.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.