La banda sonora de “Norweigan Wood” de Jonny Greengood arranca con su personal empleo de cuerdas durante la pista “Mou Sukoshi…”, de ambiente suspendido y onírico, bordeando la atonalidad con un oscilante motivo fantasmagórico y sugerente que pronto se torna en ambiguo diálogo politonal. Su estática continuación en “Suogen…”, sugiere frío y angustia existencial gracias a la ejecución de su doliente violín solista, mientras que “Mata Aini…” bordea la sonoridad litúrgica en su construcción y orquestación. “Toki no…” resulta un giro de ciento ochenta grados respecto a lo previamente expuesto, un breve halo lírico abiertamente romántico y ensoñador de la mano de una exclusiva guitarra solista, que no deja de apuntar por otro lado cierto cariz de pérdida y que continuará en “Iiko Dakara Damatette”.

La pista “Reiko” recupera la intensidad dramática inicial con el fluido intercambio de voces del Emperor Quartet, dando paso a uno de los momentos más sobrecogedores del trabajo con “Naoko ga Shinda”, pieza que se abraza directamente a ese malsano registro atonal deudor de Penderecki y tan del gusto Greenwood, para luego sorprender con las florituras cuasi mágicas e impresionistas de “Quartetone Bloom”, que se adscriben parcialmente a esa línea expresiva de Osvaldo Golijov o Alberto Iglesias en el trabajo de cuerda. Acto seguido se recuperará el sentimiento desolador inicial con “Watashi wo…”, para cerrar con una síntesis final extraña (por la inclusión algo forzada de la electrónica) y lastimosa, de carácter difuminado, etéreo, que sugiere al tiempo y de modo sutil un inasible poso romántico, estirando casi hasta lo incómodo la sensación de conclusión, para finalmente acabar con un cierre abrupto en una jugada discutible pero rotunda.

Trascendiendo por momentos a experiencia sinestésica, haciéndonos sentir el frío, congelando las emociones como un instante suspendido en el tiempo, la banda sonora de “Norweigan Wood” de Jonny Greenwood resulta una bocanada de aire fresco en el panorama internacional de la música de cine por su elaborada línea estilística, por la calidad de su escritura, por la sobriedad de su aproximación conceptual y pese a lo arduo de una aproximación convencional a la misma (ni fastuosas melodías retentivas, ni coros, ni gran orquesta, ni similares vacuas pirotecnias) o a su contención emocional, deviene en una partitura extraordinaria que no debería ser desatendida por ningún aficionado.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.