La banda sonora de “Passengers”, de Thomas Newman, supone la enésima reafirmación de que la personalidad artística dentro de Hollywood puede suponer o bien la desaparición de primera línea por desfase estético (casos a montones como los de Bruce Broughton, Elliot Goldenthal, Lalo Schifrin, Lee Holdridge, etc…) o bien la muerte por éxito. Esto último es lo que le ha ocurrido a Thomas Newman, quizás el compositor americano que más ha influenciado la música audiovisual de las últimas dos décadas. Su talento y personalidad únicos dieron por resultado una de las carreras más atractivas e interesantes del cine moderno, entregando durante los años 90 una ristra de bandas sonoras magistrales que cambiaron el paradigma sonoro de la industria, como fueron “Fried Green Tomatoes” (1991), “Scent of a Woman” (1992), “Shawshank Redemption” (1994), “Unstrung Heroes” (1995), “Oscar & Lucinda” (1997), “The Horse Whisperer” (1998) o “The Green Mile” (1999), hasta culminar la década con la sublimación de su estilo en “American Beauty” (1999). Su voz se había periclitado hasta el paroxismo y siguió ofreciendo trabajos magníficos como “Road to Perdition” (2002), “Finding Nemo” (2003) o “Angels in America” (2003), pero comenzó a espaciar su genio (“Little Children” (2006), “Wall-E” (2008) y nada realmente destacado desde entonces), diluyendo su discurso hasta la reiteración, descafeinada y continua de todos sus clichés estéticos, en la que parece instalado desde hace años.

Es en este bucle autoreferencial donde surge la banda sonora de “Passengers”, nuevo producto del mainstream a la medida de sus estrellas principales y el espacio -de moda- como telón de fondo. Newman se limita a transitar por los lugares comunes de su catálogo sin atisbo de originalidad. Arranca con la pista “The Starship Avalon (Main Title”), pasaje rítmico y ambiental plagado de sonidos familiares -vientos, percusiones, teclados, etc…- con cierto aire sintético futurista, seguido de la misma idea con efectos electrónicos más marcados en “Hibernation Pod 1625”, “Awake for 7 Days” o “Passengers”. La urgencia cercana a los temas de acción de Newman para sus films Bond (“Skyfall”, “Spectre”), aparece en “Command Ring”, “Zero-Gravity” y “Looking for Wrong”, mientras que la electrónica atmosférica se intensifica en “Rate 2 Mechanic” o “Robot Questions”. Los pianos sostenidos, las ideas rítmicas minimalistas y la cuerda nítida de lirismo desdibujado los tenemos en “Precious Metals”, “Aurora”, “The Sleeping Girl” y “Spacewalk”. Entre tanta repetición, destaca la única melodía nítida del conjunto, la hermosa pieza “Build a House and Live in it” protagonizada por la madera inconfundible del músico. Pero es un suspiro entre pistas de sonoridad amenazante y abrasiva (“I Tried Not to…”), ambiente electrónico aséptico (“Untethered”) y las divagaciones al piano (“Starlit”). El clímax de “You brought me back” parece animar algo la recta final con cierta energía en cuerda y metales, pero apenas sirve para sacar de la mediocridad la banda sonora de “Passengers” de Thomas Newman.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.