Cuesta creer el proceso degenerativo al que se ha sometido James Newton Howard a la hora de adaptar su -antes rica e interesante- personalidad musical a los requisitos reduccionistas de la gran industria americana actual. Ni con directores cómplices ni sin ellos, el compositor ha caído en una desidia forzada por las circunstancias de la que parece difícil vaya a logar salir a estas alturas. Un proyecto de tintes potencialmente atractivos para cualquier compositor como es la vida del ajedrecista Bobby Fisher, tanto por sus implicaciones en el conflicto de la Guerra Fría de Estados Unidos con Rusia a través de su rivalidad con Boris Spassky, así como el drama y tumultuosa existencia del jugador, parecen el caldo de cultivo idóneo para un músico con visión. Además, la dirección corre de la mano de Edward Zwick, con el que James Newton Howard ya ha trabajado en dos ocasiones previas; “Defiance” (2008) y “Blood Diamond” (2011), siendo este un realizador que suele cuidar y aportar relevancia al contenido musical en sus películas como así demuestra su colaboración pretérita con James Horner en “Glory” (1989) o “Legends of the Fall” (1993).

Ni por esas. Ni la trama, ni el director, ni nada que podamos mencionar como atractivo de este proyecto supone aliciente alguno para el músico, que se limita a transitar superficial, muy puntual y vagamente por la trama de la película, exponiendo un comentario musical escueto y vacuo en el que una aproximación tradicional de reducida orquesta con predominancia de violines apenas transmite el tono del relato. Howard no consigue imprimir personalidad alguna en su discurso, quedando todo en una desangelada tierra musical de nadie donde el arranque “There´s Usually One Right Move”, se mueve con timidez entre el drama y la reflexión misteriosa. Poco más avanzan las pistas “Forfeit”, “Ping Pong”, “Bobby Plays Boris” o “Bobby plays Carmine”, que oscilan entre pasajes de leve rítmica y autocomplacencia estática contemplativa de acordes sostenidos, recordando los momentos más exasperantes del Horner de los últimos años en sus peores trabajos (“Life Before Her Eyes”). Tampoco se esfuerza demasiado en ilustrar al rival del protagonista en las pistas “Boris Spassky” y “Reading about Spassky”, alumbrando un motivo harto convencional que usa tibiamente y sin variaciones.

El único instante emocional de la composición deviene en la conclusión “Bobby Wins”, donde se mezcla un despliegue de cuerda esperanzador matizado con una figura al piano que al fin logramos identificar con la autoría estilística del músico. Sin ser una pieza exuberante ni mucho menos, al menos reporta con aceptable intención dramática la atribulada mente y existencia del personaje central. La banda sonora de “Pawn Sacrifice” de James Newton Howard ejemplifica (una vez más) el bajo momento de forma de un músico otrora tan notable.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.