La banda sonora de “Phantom Thread” de Jonny Greenwood, supone la cuarta colaboración del músico con el realizador Paul Thomas Anderson. La fuerza de su conjunción ha alcanzado unas cotas de sinergia audiovisual prácticamente inauditas en el panorama internacional. Si el arranque no pudo ser más arrollador con “There Will Be Blood” (2007), su confirmación más plena con “The Master” (2012) y el título previo que los unió, “Inherent Vice” (2014), más estimulante, ahora con “Phantom Thread” no solo la calidad de la creación raya a una altura inalcanzable para la mayoría de los artistas del medio, sino que el reconocimiento de Hollywood le ha alcanzado por fin a Greenwood, logrando con este trabajo su primera nominación a la mejor banda sonora original. Y si las decisiones de la academia son muchas veces más que discutibles, en lo que atañe a este caso particular (o en otros recientes igualmente atinados, como el reconocimiento para la banda sonora de “Mr. Turner” de Gary Yershon) se merece nuestro más sincero respecto.

La partitura rezuma clasicismo y modernidad a un tiempo, haciendo de las cadencias minimalistas de Terry Riley un eco sobre el lenguaje de texturas de Greenwood. El lánguido y arrebatado adagio inicial “Phantom Thread I” nos prepara para una experiencia elegante en su envoltorio, pero extrema en su fondo. Las variaciones de este tema para piano y cuerda (II: cargada de patetismo), para plena y dramática orquesta (III: llena de pathos trágico) o para violín solista final (IV: de portentosa ejecución), resultan tan exquisitas como complejas en sus intenciones. Las percusiones y figuras obsesivas para teclado de “The Hem” dan paso a la hermosa fantasía impresionista de “Sandalwood I”, y su más etérea, si cabe, continuación. El suave diálogo sostenido de piano y violines de “The Taylor of Fitzrovia” da paso a un doliente y fatuo tema de amor en “Alma”, cargado de una inasible sensación de pérdida. La inquietud se filtra a través de pasajes como “Boletus Felleus” y su malsana cuerda, mientras que otros, absolutamente arrebatadores como “Cath Hold” -de expresividad cuasi onírica- o “That´s as May Be” -de una ligereza que transmite cierto halo de felicidad-, se alternan con la gravedad pianística de “I´ll Follow Tomorrow” o con el romanticismo naif de “House of Woodcock”. La intensidad polifónica creciente de “Barbara Rose” o los bellísimos pasajes finales “Endless Superstition” y “For the Hungry Boy”, casi ensoñaciones sobre las propias ideas musicales de la obra, hacen del conjunto una auténtica delicia. La banda sonora de “Phantom Thread”, de Jonny Greenwood, es una de la experiencias más satisfactorias del año 2017.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.