La banda sonora de “Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales”, de Geoff Zanelli, resulta tan autocomplaciente y predecible como cabría esperar en la quinta parte de una franquicia cinematográfica producida por Jerry Bruckheimer, cuyas señas de identidad musicales han sido forjadas a fuego por Hans Zimmer (y Klaus Badelt, y una ristra de ayudantes y músicos adicionales). El sonido zimmeriano de los años 90 cautivó a una nueva generación de aficionados a la música de cine y caló en el mainstream cinematográfico americano con su impactante rítmica y fusión de elementos electrónicos apoyados por la orquesta (y no a la inversa como era costumbre). De esta época y estilo surgieron una serie de trabajos -algunos memorables- en cuya evolución y depuración estaba ya el germen de la banda sonora de “Pirates of the Caribbean”, como son “Backdraft” (1991), “Crimson Tide” (1995), “The Rock” (1996) o “The Peacemaker” (1997). De todos ellos encontramos rastro en la saga pirata, aunque existe una obra más desapercibida que es la referencia musical directa de todas las aventuras de Jack Sparrow, y que es la banda sonora de “Mupppet Treasure Island” (1996), que de nuevo firmaría Hans Zimmer con la colaboración de varios ayudantes.

Las tres pistas iniciales “Dead Men Tell No Tales”, “Salazar” y “No Woman has ever handled my Herschel”, proponen un buen resumen y una nítida declaración de intenciones del trabajo: clonar a Zimmer punto por punto, repitiendo ideas, esquemas y usando su material previo. En el tercer bloque se pasa a usar los pegadizos temas centrales de la saga, además de aportar uno propio con aires al “All the Strange, Strange Creatures” de la banda sonora de la tercera temporada de “Doctor Who” de Murray Gold. El resto se mueve acudiendo a toda la parafernalia habitual, como los coros místicos que recuerdan a “The Da Vinci Code” en “You speak of the Trident”, el misterio ambiental de “Shansa”, la reutilización del tema más destacado del tercer episodio en el pasaje cómico “Kill the Filthy Pirate, I´ll Wait” (y en su continuación “The Dying Gull”) o el estruendo persistente de bloques atronadores, machacones y percusivos como “El Matador del Mar”, “Kill the Sparrow”, “I´ve come with the Butcher´s Bill” y “The Power of the Sea”. Para el clímax apocalíptico -convertido en hastío cacofónico a estas alturas- se acude a la aceleración máxima de todas las ideas previas y el sumatorio de coros del fin del mundo habitual en “Treasure”. La banda sonora de “Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales”, de Geoff Zanelli, propone, en conclusión, un viaje de lo más sobado por los parámetros habituales del catálogo Zimmer, más sobresaturado y empastado que de costumbre, y quizás por ello más cargante si cabe.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.