La banda sonora de “Rampage”, de Andrew Lockington, supone un nuevo ejemplo de la capacidad de adaptación del músico canadiense a las encorsetadas hechuras sinfónicas del blockbuster digital de acción y destrozos varios. Más cómodo todavía si cabe con la tarea al ser ya el tercer título en el que el compositor forma equipo con el realizador Brad Peyton y el actor Dwayne Johson. De hecho su trabajo para “Rampage” puede escucharse perfectamente como una prolongación estética homogénea y continuista de las partituras para dichas películas anteriores; “Journey 2: The Mysterious Island” y “San Andreas”. Se añaden unas pizcas del moderno minimalismo cíclico de acción prototípico de Hans Zimmer (“Batman Begins”, “Inception”) que diluyen un poco más la agradable vena orquestal de Lockington y el resultado está listo para servirse.

Una lástima de degradación/simplificación de los elementos que al menos hacían entretenidas partituras como “City of Ember” o la mencionada “San Andreas“, que en su conjugación expansiva de leit motivs de calado épico hacían soportable el estruendo continuo, al desarrollar con cierta gradación el recorrido. “Rampage” intenta replicar esas mismas ideas con la aparición de un motivo sencillo de aires aventureros en “Gorillas”, que decora con cierto color gracias a unos coros que recuerdan a las bandas sonoras de “Mighty Joe Young” de James Horner y “The Time Machine” de Klaus Badelt. Retoma el tema en “Paavo” y los coros en “Calm”, “Cornfield” y al final de “Saved”, pasando a la elefantiasis inmediata de un discurso atrofiado y epatante en “Kate”, “Wydens”, “Crispr” y “C17”, que alterna con pasajes de relleno insustancial como “Lab” o “Laptop”, que se mezclan a su vez con los inevitables fragmentos de tensión in crescendo como el arranque “Space” o los clusters recurrentes de “Antennae”. Pero todo parece ser una incómoda espera para los excesos pirotécnicos de “Chicago”, “Showdown” o “Grenades”, tras los cuales se recupera con el motivo principal en versión esperanzadora y épica. Pero es poco y llega demasiado tarde, haciendo de la banda sonora de “Rampage”, de Andrew Lockington, un cargante y plomizo ejercicio de vacuidad adornado con -escasas- pinceladas de artesanía.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.