“Ready Player One” supone la constatación de que la nostalgia es uno de los motores más lucrativos del mercado audiovisual moderno. Y que sus propios autores primigenios (en esta ocasión Steven Spielberg y Alan Silvestri en sustitución de John Williams de forma excepcional) son los mejores artífices posibles del auto engaño de lujo con tecnología de última generación. Apelando siempre al guiño cómplice y conocido, la pareja artística sintoniza a la perfección en la sincronización narrativa. Ambos quedan a la altura de lo esperable en un reto que no es tal para autores de buena parte de la cultura popular que se dedican a celebrar en la adaptación de la novela de Ernest Cline; el festival de personajes, situaciones y aventuras que escenifican con una virguería en la que no se ha reparado en gastos, se queda en un intento de éxtasis multireferencial más cercano a los fuegos artificiales que a la auténtica creación de valor.

La banda sonora de “Ready Player One”, de Alan Silvestri, resulta equivalente en intenciones a su banda sonora para “The Walk“: un refrito sazonado con buen gusto pero escasa originalidad. Añadiendo además un plus forzado de impostura en su tema central, de aparición primera en “Hello, I´m James Halliday” y desarrollado plenamente en “Main Title”. Esta pieza puede resumir en si misma las limitaciones de Silvestri y el conformismo de Spielberg para con “Ready Player One”; un sucedáneo poco inspirado pero cortado con el mismo patrón que las grandes melodías aventureras del compositor (o de John Williams, James Horner, Bruce Broughton, etc…), en el que se nota más el homenaje que la creatividad. Por estos derroteros continúa el resto del trabajo, desde los coros y formas iniciales de habanera en “Oasis”, hasta los calmados y reconocibles teclados silvestrianos (“Contact”, “Cosmos“) de “Why Can´t We Go Backwards!”) seguidos de acción y fanfarrías típicas. Las citas textuales a trabajos ajenos (la marcha de “1941” de Williams en “An Orb Meeting”) o propios (por supuesto “Back to the Future” en “Hold on to Something”), forman parte del juego.

Más sólido se muestra el músico -curiosamente- en cuanto a los momentos incidentales, en los que da rienda suelta a su estilo cinético y stravinskyano para percusión, metales y cuerda, en los que si alcanza cierta emoción, como “Real World Consequences”, “Arty on the Inside” (con ecos a “Minority Report”), “Looking for a Truck” o “She Never Left”. Estos chocan con la inevitable electrónica (“Sorrento makes an offer”, “Orb of Osuvox”, “Get me out of this””), más socorrida y de relleno que otra cosa. Hay pasajes que apuntan ideas, pero se quedan a medio camino (el noble y esperanzador pasaje lírico de “Wellcome to the Rebellion” o el delicado “What are You!”). Silvestri también añade pinceladas de color agradables, como los coros y orquestación cristalina de “This is Wrong” (que recuerdan a su banda sonora para “The Abyss”) o el tono arábigo de ciertos momentos con “The Mummy Returns” en la memoria (en las citadas “The Oasis” y “An Orb Meeting” sin ir más lejos), que sumados a los resúmenes temáticos y motívicos finales de “There´s something I Need to do” y “End Credits”, elaborados con todo el buen gusto esperable de un excelente músico, hacen de la banda sonora de “Ready Player One”, de Alan Silvestri, un placer culpable. Un trabajo sin entidad definida hecho con retales de nostalgia, jirones de inspiración y lugares comunes. Tampoco íbamos a pedirle mucho más.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.