Equilibrio

Un junco cuyo tallo es balanceado por la fuerza del Céfiro y el Bóreas, adalides de la brega entre contrarios; o una cuerda, tensa y díscola que pugna con terca flexibilidad con la digitación del lutier; o, por qué no, la desconcertante realidad que enfrenta a la carne con el espíritu, maniqueo pensamiento de griegos y cristianos que otrora delimitaron la delgada línea que separa sendas realidades; son algunas de las imágenes que unos cuantos eruditos de alto coturno han utilizado, In illo tempore, para explicar la idea del equilibrio, justa medida –mesura o templanza, según se prefiera- de la naturaleza humana. Esta sempiterna idea, de budas, cristos y ascetas, ha traído de cabeza a más de un incauto pensador que, ora por convicción, ora por necesidad -y es que a veces hay que comulgar con ruedas de molino para yantar, sino se acaba divagando en exceso-, ha encomendado su vida a la sagrada búsqueda de ese equilibrio que da sentido a las últimas cosas. Quizás sea en la música cinematográfica –ahora más que nunca- donde esta dualidad se manifiesta de una manera más evidente mostrando el abismo que a veces hay entre el director y el músico. Aun a riesgo de parecer alarmista, que no es para menos, este tópico y típico thriller dirigido por Mar Tarragona ejemplifica muy a las claras esa ruptura conceptual que deja huérfana la propuesta del músico catalán. Vaillo, ni es un buda, ni es un cristo, ni es un asceta, tan solo es un narrador de historias que busca esa complicidad que de un modo natural debe unir las dos tramas cinematográficas, la musical y la literaria, y que aquí, por mor de la originalidad y la calidad, queda a merced de la distancia que las separa rompiendo ese ansiado equilibrio que de un modo ideal forma el todo cinematográfico.

Buscando en la memoria –selectiva y caprichosa- encuentro algunos trabajos del compositor, talento e imaginación con denominación de origen, que muy bien pueden dar sentido a todo lo expuesto con anterioridad. Obras tan interesantes como “El habitante Incierto”, “Ull Per Ull” o “Secuestro” –la que nos ocupa en estas líneas- son el paradigma de que algo está cambiando en la geografía musical de nuestro país. Quizás sea la partitura de “Ull Per Ull”, serie de tv dirigida también por Mar Tarragona, la que define con más acierto la elegante personalidad de Vaillo –adjetivo que define la música de esta obra- y la ilación entre la imagen y la música, algo que en “Secuestro” brilla por su ausencia. Si esta necesaria correlación temática se hubiera dado ahora estaríamos hablando de otra cosa muy distinta.

Cuando se juega al despiste con el espectador puede ocurrir que este acabe tan liado que no sepa encontrar el camino de vuelta. Esto que suele acontecer con bastante asiduidad en los thrillers norteamericanos de medio pelo, también le sucede a la última película de Mar Tarragona, un thriller a la española que pretende ser lo que no es. En este lúdico intercambio de roles cabe destacar el equilibro musical que Marc Vaillo aporta al desarrollo de la historia –con absoluta independencia del guión literario-, mesura conseguida gracias a una estructura convincente que sitúa a cada personaje en el lugar que le corresponde. Equilibrio conseguido por la sutil utilización de las dos ideas principales, contrapuestas y antagónicas, que se escapan entre los dedos de los protagonistas. Equilibrio que parte de un primer leitmotiv, obsesivo y hostil (“Secuestro-Títulos”) que muestra el lugar hacia donde se dirigen los acontecimientos. Una interesante melodía que sirve de pórtico a otras de temática similar (“Sin tregua/No hay vuelta atrás”) que acrecientan la atmosfera obsesiva que el músico trata de argumentar sobre la escasa credibilidad de la historia. A esta idea se opone la que Marc otorga a la protagonista principal (“Madre”), una melodía frágil y en ocasiones visceral que dibuja, ora con ternura, ora con nostalgia, la interesante evolución del personaje. Estas dos ideas se entrelazan con inteligencia y sutileza (“Elefante”) para equilibrar una historia que, a todas luces, suena mucho mejor de lo que se ve.

Buscar el equilibrio entre lo que se ve y lo que se escucha, algo tan evidente como necesario, es una necesidad que no solo afecta a las cuestiones fundamentales del universo, aquellas que hacen girar este mundo, sino que es algo que debe conmover la conciencia de todos aquellos que por razones muy diversas se dedican a escribir historias que se ven y se escuchan.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.