Por si no lo sabíamos ya, Danny Elfman nos recuerda en este trabajo quién es: uno de los grandes, uno de los clásicos del mañana. Y nos lo recuerda en unas condiciones muy distintas (una obra clásica de encargo para orquesta), pero profundamente estimulantes para él, y asimismo, razón esencial para el empujón determinante de calidad y genio de esta partitura. El compositor insinúa su motivación en el libreto del disco, donde en una esclarecedora y sencilla declaración de intenciones va desmembrando el tejido creativo de su obra. En estas palabras, quizá con falsa humildad, detalla también sus múltiples influencias y sus problemas para encauzar un encargo de estas características, especialmente desde el punto de vista de la forma musical.

“Serenada Schizophrana” es, ante todo, una obra de su autor. Es Danny Elfman en estado puro, un torrente creativo sin fin; un juego de emociones primarias e intelectuales, de contrastes entre lo grotesco y lo infantil, entre lo humano y lo infrahumano. Como tal, como obra de arte, es intachable. ¿Influencias? Por supuesto, y muy evidentes en ocasiones, pero no son más que sutilezas dentro de un mundo apabullante de conceptos únicos y virtuosismo creativo que merecen dos consideraciones; en primer lugar, los movimientos de la obra parecen diferenciarse, a priori, en el concepto tímbrico. Así, “Pianos” utiliza una virtuosa sección para piano, y el resto de la orquesta parece estar construida desde un punto de vista pianístico (secciones arpegiadas, sensación de pulsación en todos los instrumentos, etc…). “Blue Strings” juega con la riqueza expresiva de la cuerda (en solo, en secciones camerísticas, en trinos, en tremolos, etc.), “Brass Thing” se centra en el metal, “I Forget” en la voz, etc… Y en segundo lugar, puede considerarse que el nexo esencial de la obra es el trabajo explícito del ritmo, algo que hace tan característica y dinámica la música de Elfman.

Abre el disco la pieza ”Pianos”, de vocación minimalista y estructurada en dos partes claras. Una primera, con una sección orquestal pulsante que va creciendo en complejidad armónica, y una segunda con claro protagonismo del piano, con una estética cercana a los maestros Rachmaninov y Prokofiev. Una pieza fresca, potente y de técnica impecable, aún siendo errante en forma y sin un concepto motívico claro. “Blue Strings”, bellísima e introspectiva, nos sumerge en una estética opaca, lúgubre y tétrica en ocasiones. Construida en torno a un motivo inicial que recuerda al dies irae medieval, y con un desarrollo que coquetea con el postromanticismo ruso, especialmente con la estética de Shostakovich. “A Brass Thing” es un punto álgido, una extravagante fantasía a ritmo de tango y swing (alternándolos a placer), y con un brillante trabajo de la línea del metal (sordinas, glissandos). Todo ello enmarcado en el juego con una sutil frase musical (minuto 02:02, en los metales), con el que Elfman divaga con una imaginación sin límites (combinaciones orquestales, insinuaciones jazzísticas…). “The Quadruped Patrol” es otro ejercicio de vocación minimalista pero de complejidad orquestal y rítmica apabullante. Un simple ritmo binario crece hasta la exaltación más ecléctica y extravagante: oleadas de cuerdas, pseudo-órgano de catedral, staccatti de coros femeninos…

“I Forget” es una verdadera joya inesperada. El compositor nos brinda una hermosa construcción vocal en castellano, con insinuaciones navideñas y folclóricas, con un trabajo impecable en la conducción de las voces y en la variedad del acompañamiento orquestal. Los matices y las capas melódicas son interminables. Queda aquí patente, si no había quedado ya, el gran trabajo de orquestación, y la búsqueda incansable de la variedad y calidad musical. “Bells and Whistles” recoge el testigo estructural y conceptual de “Pianos” emulando con la orquesta sonidos de campanas (en una primera parte) y vientos (en una segunda). Cierra la obra “End Tag”, con una recapitulación conceptual de “The Quadruped Patrol”. Final tan inesperado como excéntrico, contribuye a la ambigüedad emocional del trabajo y a su fuerte eclecticismo, aspectos que lo hacen tan inesperado como original. El último corte es una pieza considerada como bonus track, “Improvisation for Alto Sax”. Nada virtuosa como pudiera deducirse del título, sino una breve insinuación melódica en un saxo con acompañamiento orquestal. Una pieza que se desmarca en complejidad y concepto del resto del disco (como tal, veo un acierto considerarla como bonus), pero de belleza indudable.

“Serenada Schizophrana” es un trabajo irrepetible y que marca el sello esencial de Danny Elfman. Trabajado al detalle línea a línea, nota a nota, sus matices técnicos son impecables, y sus matices emocionales, interminables. Denso, ecléctico y extravagante, es un reto para la asimilación y la inteligencia. Una obra maestra brillante a todos los niveles. Un regalo para el aficionado a la música y para la música de concierto.

Reseña de Manuel Ruiz del Corral.